Zomia allí donde el Estado no está

Traducción al castellano de: Zomia, lá onde o Estado não está

Texto original: «Zomia, ou l’art de ne pas être gouverné»

Fuente: MateusBernardino (Original).

Unas palabritas previas: Me encontre este artículo en este canal de telegram. Me gustaría empezar diciendo que no hablo portugués y que con esta traducción simplemente pretendo acercar una lectura que me ha parecido interesante a las compañeras y en general a las personas que pudieran llegar a encontrarla por las redes. El libro en el que esta inspirado el artículo hasta donde se, no es accesible en castellano. Pienso que es una lectura por lo menos interesante y me ha recordado al recientemente publicado «Anarquistas de Ultramar» -de Carlos Taibo-. Sin mucho mas que añadir, cualquier error gramatical o de redacción seguramente podre arreglarlo mas adelante pero, si me lo indicas en un comentario quedara actualizado mas rapidamente 😉

https://mateusbernardino.files.wordpress.com/2014/04/zomia-5.jpg?w=416&h=208

 

¿Qué es y donde esta Zombia? ¿Sería Zombia otro ejemplo de territorio donde las sociedades presentes han conseguido hacer perdurar una organización social que consigue rechazar el Estado exitosamente? Este texto de Nicolas Delalande representa la obra del pensador anarquista James Scott titulada ‘Zomia, ou l’art de ne pas être gouverné’

Durante dos milenios, las montañas de Zomia fueron, según James Scott, una zona-refugio para las poblaciones del sudeste de Asia. Un gran centro de resistencia al Estado, ellas serían un espejo de nuestra civilización devastadora y confiada de sí misma. Una historia anarquista que fascina e intriga.

 

Análise da obra: James C. Scott, Zomia, ou l’art de ne pas être gouverné, Paris, Seuil, trad. Nicolas Guilhot, Frédéric Joly, Olivier Ruchet, 2013 [2009], 27 €. [The art of Not Being Governed. An Anarchist History of Upland Southeast Asia, Yale University Press, 2009].

“Lo que nos muestran los salvajes es el esfuerzo permanente para impedir que los jefes sean jefes y un rechazo a la unificación y al trabajo de configuración de un Estado. La historia de los pueblos que tienen una historia es, decimos que es la historia de la lucha de clases. La historia de los pueblos sin historia diremos con toda la veracidad, es la historia de su lucha contra el Estado.”

Pierre Clastres, La Société contre l’État. Recherches d’anthropologie politique, Paris, Éditions de Minuit, 1974, p. 186 (1). (traduzi a citação para o português)

{1} Desde sus primeros trabajos en torno a 1970 sobre la economía de los campesinos birmanos y vietnamitas, el politólogo y antropólogo James C. Scott nacido en 1936 es profesor en Yale consagrado al análisis de las formas de resistencia mediante las cuales los débiles y los pueblos colonizados y así como aquellos que “fueron dejados por su cuenta” tuvieron recursos para contestar a la dominación del estado. Anarquista reconocido (2), tiene la voluntad tanto de pensar sobre las transformaciones de las sociedades agrarias en el Sudeste de Asia como para criar gallinas en su hacienda de Connecticut (3). Scott se ha esforzado para lograr una obra singular y brillante, encontrando la autonomía y dignidad de los dominados en sus luchas contra las ambiciones predadoras del Estado, sea este pre-colonial o pos-colonial (4)

{2} Con su nuevo libro publicado en ingles en 2009 y recientemente traducido al francés por la editora Seuil, Scott prologa un cierto número de temas centrales en su obra (la fuga, la ocultación y lo no dicho como formas privilegiadas de resistencia a la dominación), en una zona espacial inédita. Sus obras anteriores se basaban en, investigaciones detalladas y localizadas (Weapons of the Weak, publicado en 2985 y ahora traducido en francés, resultado de un estudio de dos años que Scott realizó con su familia en una aldea malaya y en los continentes en 1970), sobre sus extensos estudios comparativos en los cuales el autor transpone los continentes y los siglos para ilustrar sus tesis (como en La domination ou les arts de la résistance, el primero de sus libros traducidos al francés en 2007 o Seeing Like A State, publicado en 1998). En Zomia, ou a arte de não ser gobernado, Scott escoge concentrarse sobre un espacio transnacional, al mismo tiempo pequeño y circunscrito. Él lo estudia por un período de casi dos milenios. Es inútil que intentemos situar la entrada, o procurar localizar Zomia en un mapa o sobre un planisferio. El termino es de invención reciente y significa “gente de las montañas” en diversas lenguas tibeto-birmanas (5). Un historiador holandés, Willem va Schendel propuso en 2002 utilizar el término para designar las tierras altas del sudeste de Asia, un vasto espacio de casi 2’5 millones de kilómetros cuadrados, cuya población comprende casi 100 millones de individuos, a caballo sobre al menos seis Estados de la región: Birmania, China, pasando por Tailandia, Laos, Camboia o Vietnam. Un verdadero mosaico de poblaciones, estas tierras altas tienen más o menos un punto en común según James Scott, ser habitadas por grupos que no cesaron a lo largo de su historia de refugiarse y escapar de las garras del Estado.

{3} Mas que una realidad geográfica, Zombia es una construcción política, un lugar de refugio a la dominación por excelencia. Inspirándose en Fernand Braudel y su célebre estudio sobre “La Méditerranée et le monde méditerranéen au temps de Philippe II ,(1949), Scott invita a traspasar la línea de existencia de las fronteras de los estado para captar mejor y coherentemente un espacio hasta ahora desconocido y, pensando de manera fragmentada la relación de sus partes con los diversos Estados-nación de la región. Lejos de ser una recolección de arcaísmos, fuera de la historia de la civilización, Zombia es fundamentalmente “una consecuencia del estado” o un producto de estrategias conscientes de las poblaciones que buscaron resistir a la opresión de los reinos y de los poderes coloniales.

Las tribus que componen (Hmong, Miao, Wa, Tai, Karènes, Akha, etce.) múltiples y fluidas son autoras de una historia bimilenaria de rechazo al Estado y sus manifestaciones, como, los impuestos, las restricciones, los registros del catastro, y todas las tecnologías que generan el desconfort propio al Estado. Este está constituido para procurar hacer las sociedades legibles mensurables y gobernables -tesis que Scott desarrollaba de manera extensa en Seeing Like A State-El analista político se aproxima así a través de este libro a, los dos filos inseparables de su reflexión; El apetito depredador del Estado, su dominación y sus excesos; y las múltiples vías por las cuales los débiles contestan su autoridad a partir de estrategias de ocultamiento, de fuga o de evitación. Todo ello se inspira en la voluntad de evitar una oposición directa o frontal.

Una tierra de refugiados

{4} Para Scott, todos los estados que se suceden en la región por más de dos mil años, desde las primeras dinastías chinas hasta las dinastías de Ming y de los Qing, los Birmanos o los Tais, colonos británicos, franceses, neerlandeses, y los Estados nación derivados del proceso de desconolonización, tuvieron por obsesión fijar las poblaciones en las planicies para someterlas al trabajo. Esta necesidad desembocaría en desequilibro muy antiguo en el sudeste de Asia entre, la abundancia de las tierras y la escasez de la mano de obra. Los Estados de estas regiones fueron siempre muy ricos en tierras. También en la coerción de los pobres forzándolos al trabajo manual. El cultivo de arroz -propio de la zona- exige una mano de obra abundante y un poblamiento denso, tiene la ventaja de concentrar a las poblaciones facilitando así la ejecución de impuestos y el reclutamiento militar. Para apropiarse de la fuerza de trabajo de los campesinos, los Estados tuvieron que recurrir a la violencia, las razias, o el esclavismo, en los casos de los Estados Tai y Birmano llegando a tatuar sistemáticamente a los habitantes de esas regiones.

{5} Pero sus ambiciones de control fueron impelidas por lo que Scott, sensible a la influencia topográfica en los procesos de construcción del Estado, llamó “fricciones del terreno”. En esta zona de alternancia entre planicies y montañas, las distancias kilométricas tienen más importancia que, la cuestión temporal: ¿Cuánto tiempo sería necesario para llegar de una región a otra? El Estado se define tanto por el control de un territorio claramente delimitado, como por una zona o campo donde ejerce la fuerza, una zona de influencia donde se tienen en cuenta los contornos fluidos y móviles, limitados tanto por la competencia entre Estados vecinos como por los accidentes del relieve Confiar en una estimación de corta distancia entre dos puntos es un error que quisiéramos apreciar en la capacidad de proyección de la fuerza estatal: una zona de colinas situadas a algunos kilómetros de un centro de poder puede gozar de una autonomía muy superior que una basta planicie a muchos kilómetros atravesada por un río en el centro. En otros términos, el poder del Estado no se propaga de manera lineal y continua a medida que, encuentra accidentes de relieve, rodea las cadenas de montaña, se precipita en valles, o permanece en las planicies. Una representación  en tres dimensiones podría hacer ver la disposición de las formas de organización social en el sudeste de Asia: entre 0 y 300 metros, el mundo de los Estados-arroceros, de los impuestos la soberanía y el sedentarismo; encima de los 300 metros y muchas veces encima de los 4000, están las tribus, la etnicidad, la autonomía y el nomadismo (6)

 

Elogio al nomadismo

{6} Zombia fluctúa, por así decirlo, encima de las planicies, al abrigo de las barreas y puestos de control de las fronteras y las identidades nacionales. Es entonces una zona-refugio, un lugar donde el poder del Estado no se ejerce o es muy poco. No se trata, sin embargo, de una zona sin relación con el Estado. Todo o casi todo está ahí determinado por la presencia vecina de estos poderes centralizadores. Los habitantes de Zombia tienen relaciones de comercio con los Estados de las planicies, proporcionándoles en particular valiosas materias primas originarias de los bosques. Las poblaciones no cesaran de circular de las planicies en dirección a las montañas y a la inversa en la medida que las condiciones políticas lo permitan. Es importante para Scott señalar que las sociedades de las colinas son la imagen inversa de las sociedades estatales. Para comprender mejor el Estado, invita a una imagen de su opuesto, allí donde las poblaciones procuran su propio sustento.

{7} Las tribus de Zomia increíblemente heterogéneas, multiplicaran las estrategias para flanquear y escapar del Estado y de su poder. Todo lo que, de manera clásica es colocado como forma de barbarie, por su incapacidad de asimalar-se a la civilización -definida como el sedentarismo, la escritura, la distinción entre Estado y sociedad, o la adopción de identidades fijas, etcétera- discurre para Scott gracias a elecciones conscientes y deliberadas de los pueblos de las colinas para evitar al Estado, a falta de poder derrumbarlo o desafiarlo. Zomia precisa el autor, no es sin duda un lugar único en la historia. Ella evoca innumerables veces paralelismo entre las otras poblaciones “fluctuantes” tales como los Cosacos, Bereberes o Gitanos, o también los esclavos cimarrones o indios que en América se refugiaron en los bosques para escapar de la sumisión al trabajo forzado y las imposturas católica.

{8} Las primeras de estas estrategias reposa en la adopción de un modo vida itinerante. Para Scott, la cultura de las “tierras quemada” y la cosecha no tienen nada de arcaicas, por el contrario, proceden de una voluntad de oponer la movilidad a todos los esfuerzos que el Estado realiza. El objetivo de estas es, evitar las propiedades privadas, y la realización de registros y catastros. ¿Quién podría elevar su poder si la agricultura no está concentrada? De esta forma, la elección de ciertas variedades de plantas, como tubérculos o batata dulce o mandioca se explicaría por sus cualidades intrínsecas (crecimiento rápido, poca intensidad de trabajo, entierra y dispersión de las siembras), bien adaptadas a la itinerancia. No es tan sorprendente a los ojos del autor que, esta “agricultura fugitiva” sea criticada por el efecto negativo sobre el medio ambiente y, su efecto de erosión en el suelo: esto es una reflexión de los administradores de las planicies que, tratan de desacreditar las prácticas de las poblaciones que no están bajo su dominio.

{9} De manera más fundamental, Scott considera que la ausencia de escritura, tradicionalmente asociada a una incapacidad de entrar en la historia es una verdadera elección voluntaria de las tribus que, privilegian la cultural oral en oposición a las lógicas escriturales del Estado. Él recuerda que las poblaciones de las montañas no se distinguen fundamentalmente en esto de la mayoría de los habitantes de las planicies, analfabetos hasta el siglo XX. En el caso por ejemplo de diversas tribus como los Akha o los Wa, cuentan como la escritura conocida en otros tiempos fue “perdida” o “robada” en momentos de fuga, desintegración o disgregación del grupo. Sin escritura, los hombres de las montañas son también hombres sin historia lo que les preservaría de algunos de los males asociados a la identidad y residencia fija. Las historias contadas entre ellos, o las genealogías que improvisan les permiten entretenerse y por contrapartida una relación leve y flexible con la cultura, así como ajustar sin problema sus narraciones a nuevas alianzas y circunstancias políticas.

{10} Esta serie de quiebres interpretativos conducen finalmente a Scott a pelear por un “constructivismo radical” en materia de análisis de identidades étnicas. Las tribus no deben ser nunca más pensadas como entidades primitivas, anteriores al Estado o a la civilización, sino como, construcciones estratégicas, formas de representación que los pueblos de las montañas hicieron evolucionar en la medida que evolucionaban sus relaciones con los Estados de las tierras bajas. El autor se inspira aquí directamente en el antropólogo Pierre Clastres, del que retoma las tesis sobre las capacidades de las sociedades indígenas de américa para organizarse de tal manera que ninguna forma de poder político pueda emanciparse o exteriorizarse a partir de ellas. Sin jefes designados, las tribus se protegerían de las tentaciones que podrían tener algunos de sus miembros de colocarse como intermediarios de las negociaciones con los Estado depredadores. Así es como se explicaría según Scott, el mosaico étnico de Zomia. Al dividirse y dispersarse infinitamente, las tribus habrían producido deliberadamente esta especie de “caos etnográfico” destinado a contrarrestar las veleidades clasificatorias de los administradores de las planicies: “La creación de tribus e identidades étnicas representan un medio típico a partir de cual los pueblos sin Estado hacen escuchar sus reivindicaciones cuando entran en interacciones con los Estados” (p.347). Por otro lado, es por la acogida favorable a las aspiraciones milenaristas, y a los profetas de todo género que los pueblos de las colinas habrían expresado su cohesión, especialmente en las revueltas dirigidas contra los Estados vecinos como en China durante los años 1850-1860 (revueltas de los Taiping y de los Miao)

¿Todos son ‘Zomianos’?

{11} La celebración de las virtudes adaptativas y de las “malicias” de los pueblos de las montañas es a lo que James Scott nos invita a pensar. Estas no constituyen por tanto más que una apoteosis fúnebre. Desde las primeras páginas de su libro el autor advierte que Zomia ya no existe de la manera política que es descrita en el mismo. Desde mitades del siglo XX, estas zonas montañosas fueron incorporadas a los Estados-nación los cuales apoyándose en la tecnología pudieron superar las dificultades del terreno. La lógica de depredación se extiende por estas regiones que, por mucho tiempo se habían preservado reduciendo a los zomianos a meros zombis (7), minorías ofertadas al turismo como un elenco de “colores bonitos” y dialectos pintorescos. Zomia finalmente dirían algunos descubrió la civilización, pero, sobre todo hizo el difícil aprendizaje de la subalternación al Estado. Así concluye el antropólogo con cierta expresión de amargura.

{12} Zomia está muerta, pero, ¿llego está a existir verdaderamente? La cuestión podría parecer absurda una vez terminada la lectura de más de quinientas páginas tan densas como apasionantes del libro. La astucia del libro de Scott, además de la oda a la inventiva contestataria de los pueblos de las montañas, reside en el reconocimiento intelectual y político que el confiere a una región dejada de lado por los radares de la historia. Podríamos imaginar que, en un futuro no muy distante los estudios zomianos lleguen a encontrar un lugar en los departamentos de historia, antropología o sociología como una unidad de análisis transnacional. Parece que el término Zomia fue acuñado hace no más de una decena de años y que no ha alcanzado la unanimidad entre los especialistas de la región. La palabra nunca fue al parecer utilizada por las poblaciones locales lo que, hace poco probable que estas llegaran a tener una conciencia compartida entorno a su resistencia al Estado (8). Los sabios no están de acuerdo sobre la extensión de esta zona, por definición móvil. Scott se concentra en torno a la parte oriental de Zomia, mientras que, van Schendel extiende la aplicación mucho más al norte y al oeste a los confines de Uzbequistán y Afganistán. Los antropólogos sensibles a las realidades descritas por Scott, tal como el canadiense Jean Michaud, prefieren hablar de «Massivo de Asia del Sudeste», resistiendo un vocablo topográfico más neutro sobre el plano político (9). {13} Pero la línea divisoria entre Zomia y las llanuras, entre las tribus y los Estados, entre el mundo encantado de la diversidad y la pesadilla de la homogeneidad, ¿no resultaría muy simple y bella para ser verdadera? ¿Scott no habría cedido a los vértigos del pensamiento esquemático, por voluntad de demostrar el coste de la capacidad de actuar y la autonomía política de los pueblos de las colinas? La explicación esboza sin duda se arriesga de errar el blanco pues, el objetivo de Scott es otro: Para agitar las certezas y romper la hegemonía del Estado-nación, nada mejor que un pensamiento claro y fuerte, en vez de buscar ser siempre difuso, y él se defiende así desde el inicio de su libro. El libro Zomia coloca al lector crítico frente a un tremendo dilema, sobre todo cuando este lector no tiene nada de especialista de la región: sea subrayar el carácter binario y sistemático de argumentación, sea desmenuzar los detalles, cercenando los errores que tal síntesis implica inevitablemente (10). Intentamos, a pesar de todo, avanzar dos puntos de discusión, sobre los cuales el razonamiento de Scott fascina al mismo tiempo que intriga.

{14} Una primera interrogación nace de la propensión de Scott a interpretar todo desde un ángulo político. La cultura de las batatas dulces, del analfabetismo (1) y de las estructuras de parentesco con su rechazo a la escritura, la migración o la cosecha, en su análisis viene de decisiones conscientes y voluntarias del pueblo cuya principal motivación no sería exclusivamente esquivar el Estado. Todo es político, entonces, se asume el riesgo de minimizar aquello que obedece a otros factores. Estos pueden ser, al menos parcialmente o de manera complementaria, explicativos de otras lógicas, el clima, los factores geológicos o simplemente sociológicos, entrarían aquí. Por la pluma del autor, Zomia accede al estadio de actor colectivo, dotado de razón y voluntad, capaz de modular sus formas de organización y con ello evitar las lógicas depredadoras del Estado. Ella parece disponer al mismo tiempo de coherencia y sabiduría dignas de un ser libre y racional, mientras que goza de una plasticidad y adaptabilidad propias de un organismo vivo, como cuando el autor retoma la metáfora de la “medusa” viscosa e insaciable para describir la evolución de las tribus. Los pesos de las herencias y de las instituciones ejercen pocos constreñimientos y limitaciones sobre los actores que construyen y reconstruyen sin cesar sus modos de organización para preservar la autonomía. Una salvedad tomada de la obra de Pierre Castres en la cual Scott se inspira tanto, invita a la precaución en cuanto al riesgo que puede haber de disolver la política. El riesgo reside en que a fuerza de tanto buscarla o verla en todo lugar, acabe está perdiendo su valor.

“Tudo cai então dentro do campo da política, todos os subgrupos e unidades (grupos de parentesco, classes etárias, unidades de produção, etc.) que constituem uma sociedade estão investidos, a todas propostas e formas de propostas, de um significado político, o qual termina por recobrir todo espaço do social e perder em consequência sua especificidade. Pois, se a política está em tudo, ela não está em lugar algum.” (Castres 1974, p. 18, traduzi do francês) (11)

«Todo cae entonces dentro del campo de la política, todos los subgrupos y unidades (grupos de parentesco, clases de edad, unidades de producción, etc.) que constituyen una sociedad están investidos, en todas las propuestas y formas de propuestas, de un significado político, el cual termina por cubrir todo el espacio del social y perder en consecuencia su especificidad. «Porque si la política está en todo, ella no está en ningún lugar.» {15} Todo es político, y todo es reactivo: cada transformación de las tribus es concebida como una reacción a la acción del Estado, con la cual estas tejen una relación simbiótica. Este es el segundo punto de discusión que, llamó la atención de los lectores de la obra. Evidentemente, James Scott tiene el inmenso mérito al rechazar todo análisis que observase a las tribus como sociedades aisladas y cerradas sobre ellas mismas. El historiador Víctor Liberman recuerda así que el conflicto y la violencia no estaban ausentes en la vida de las comunidades, que no eran tan igualitarias como Scott parece a menudo indicar (12). Por el contrario, su visión de Estado parece bastante monolítica y poco histórica, aunque subraya, por ejemplo, la consecuencia de los desplazamientos de poblaciones sobre la organización del Estado y su funcionamiento móvil. Sin embargo, hace más de dos mil años, las manifestaciones de soberanía estatal se mantuvieron prácticamente iguales, orientadas a un objetivo de identificación, de ‘sedentarización’ y apropiación de las poblaciones. Las lógicas de pensamiento y acción del Estado evolucionan poco (salvo después de 1945), a pesar de los cambios técnicos e intelectuales. La soberanía tal cual es planteada por Scott parece tan inmutable, e incluso nociva. ¿Los Estados no aprendieron con sus errores durante este tiempo? Las cualidades de ligereza y adaptabilidad serían ellas características de los pueblos de las montañas. ¿Podemos imaginar que los Estados hayan adoptado nuevas formas de gobernanza, más difusas y ajustadas, para superar la resistencia de las poblaciones y no ponerse a su servicio? La respuesta, aunque sea negativa, invita en todo caso a una reflexión más fecunda sobre las mutaciones recientes de la soberanía y las vías de su desterritorialización (13).{16] 16) Cualquiera que sea el futuro de la Zomia, la cuestión de las zonas liminares e interseccionales no ha perdido nada de su actualidad, la obra de Scott contribuye a subrayar toda su importancia, en términos tanto políticos como científicos. A pesar de la multiplicación de los Estados nación, zonas similares continúan existiendo y tiene un papel de primera importancia dentro del proceso de mundialización, a veces para mejor y a menudo para peor. Encontramos ejemplos de esto en, las grandes zonas de conflicto (zonas tribales pashtuns, Sahel), las aguas hostiles que rigen la piratería (estrecho de Malaca, costa somalí), o, incluso, los denominados paraísos fiscales, refugios que acogen las grandes fortunas el planeta y las redes de delincuencia. Durante siglos, los «débiles» tan bien estudiados por Scott resistieron a través de las virtudes del nomadismo, de la fluidez y del juego con sus identidades. ¿No serían éstas las armas modernas que utilizarían los más poderosos para escapar a las limitaciones de los soberanos o de las exigencias de la solidaridad? Los Estados, decididamente, tendrían también mucho que enseñar a la Zomia …

Consideraciones del traductor (al portugués)     

En cuanto al artículo de Delande expreso aquí abajo algunos sentimientos.

A primera vista no me había gustado mucho este texto. No por la forma o estilo de Delande que, en cierta forma aprecio sino, mas que nada por el contenido. Delande aborda la presente crítica de manera satisfactoria No quisiera proponer indirectamente la lectura de algo que aún no he leído por más que, la idoneidad y la honestidad del autor no pueda ser objeto de cuestionamiento, repasar las consideraciones de Nicolas Delalande (autor del cual ya he podido leer algunas cosas). Y de hecho ocurre como señalo que, mientras traduzco el texto al que se hace referencia, apología o crítica no he leído la obra a la cual remite.

El texto me parece demasiado político o politizado: tengo cierto prejuicio o tendencia a repudiar lo que pueda parecer excesivamente “izquierdista” o “derechista”. Ahora en tanto que me he motivado a traducir este trabajo el mismo me hace pensar algunas cosas. La primera es que tal vez sería interesante disponer en portugués de las consideraciones aquí hechas por mas que no participes de las mismas. Esto podría incrementar para los lectores lusófonos la riqueza de conocimiento en cuanto a referencias de sociedades ‘anti-estado’ y también el análisis de esas proto-experiencias anarquistas, que habrían existido a lo largo del tiempo en diferentes espacios. El presente texto sirve entonces como presentación inicial para muchos lectores sobre lo que ocurrió en la región señalada por el autor. Otra cosa que me vino a la mente es que tal vez el texto ayuda a contestar esta idea recurrente de una región sin-estado debería ser fácilmente identificable o delimitable sobre un mapa. Algo como: bueno siguiendo las demarcaciones de los Estados existentes tenemos aquella zona donde no existe estado.

Dicho esto, me gustaría añadir que yo mismo, no tengo una particular fijación con el estado sino más bien curiosidad entorno a este. Y eso es lo que me motiva a traducir el texto. Desde un punto de vista sociológico y antropológico, los relatos contenidos en él texto pueden tener una buena utilidad y lo mismo servirán para un politólogo, o historiador que a un economista con intereses en los asuntos relacionados con este tema. Se que este texto huye un poco del propósito de este sitio, no obstante, en cuanto relato histórico o estudio sociológico tal vez merezca una oportunidad de ser almacenado y compartido.

 En fin, los pongo a disposición aquí para quien tuviera interés en el mismo.

PD: ¿Es otro caso histórico de experiencia ‘anti-estado’ el oeste de etc.? ¡Ahora mas que nunca la propuesta es, huir a las colinas!

 


Notas

(1) A segunda parte desta citação serve de epigrafo para o livro que foi aqui analisado.

(2) Seu último livro, que acabou de sair nos Estados Unidos (Princeton University Press, 2012), se intitula Two Cheers for Anarchism, que ser traduzido como algo como Viva o Anarquismo (esta foi a tradução, feita por Delalande, que decorre da interpretação da expressão em francês).

(3) Ver aqui o porta retrato cativante que lhe foi consagrado pelo New York Times em Dezembro de 2012:http://www.nytimes.com/2012/12/05/books/james-c-scott-farmer-and-scholar-of-anarchism.html?_r=0

(4) O leitor encontrará ao final desta análise uma lista de suas principais obras.

(5) Sublinhemos que o título escolhido pela editora francesa insiste sobre o aspecto espacial da reflexão de Scott, enquanto que o título da edição inglesa não menciona explicitamente a Zomia.

(6) A título justo, e para não induzir o leitor ao erro sobre o papel da altitude, Scott ressalva que este esquema não tem nada de universal. Nos Andes, por exemplo, a relação entre altitude e poder do Estado é inversa: os Estados se deslocam sobre os altos planaltos e montanhas, enquanto que as húmidas terras baixas escapam a seu contrôle.

(7) Bernard Formoso, “Zomian or Zombies? What future exists for the peoples of the Southeast Asian Massif?” Journal of Global History, vol. 5 (2), p. 313-332, 2010.

(8) Tom Brass, “Scott’s Zomia, or a populist post-modern history of nowhere”, Journal of Contemporary Asia, vol. 42 (1), p. 123-133, 2012.

(9) Jean Michaud, “Editorial. Zomia and beyond”, Journal of Global History, vol. 5 (2), p. 187-214.

(10) Alguns erros ou omissões, identificadas por especialistas da região, são todavia problemáticos do ponto de vista da argumentação geral do autor. Victor Lieberman, em seu artigo citado mais acima, evoca diversas vezes, que existe, de fato, poucos relatos, testemunhos permitindo a documentação da existência de migrações de fuga diante do Estado, algo que Scott vê portanto como fato generalizado. Da mesma forma, os números que ele oferece sobre as taxas de alfabetização das sociedades das planícies no período de 1800 seria nitidamente subestimados, o que contradiria o argumento segundo o qual a situação dos povos das colinas e das planícies não teria em nada sido diferente, a esta época, do ponto de vista do conhecimento da escritura.

(1) O trecho ignora uma passagem importante. Na verdade a frase completa procuraria dizer: “Da cultura da batata doce até o “allettrisme” (termo que o autor substitui a este de “illettrisme” para sublinhar a dimensão voluntária), (…)” O termo utilizado em francês faz alusão à diferença entre “allettrisme” – um neologismo – e o termo “illettrisme” que em português quer dizer analfabetismo.

(11) Pierre Castres, La Société contre l’Etat. Recherches d’anthropologie politique, Paris, Editions de Minuit, 1974.

(12) Victor Lieberman, “A zone of refuge in Southeast Asia? Reconceptualising interior spaces”, Journal of Global History, vol. 5 (2), p. 333-346, 2010.

(13) No sitio Vie des Idées, ver por exemplo a análise de obra feita por Stephen Sawyer sobre o livro de John Agnew, Globalization and Sovereignty, New York, Rowman and Littlefield, 2009, publicada no dia 24 de Fevereiro de 2010.

Para saber más:

– Um porta retrato de James Scott, antropólogo e fazendeiro, publicado em Dezembro de 2012 no New York Times:http://www.nytimes.com/2012/12/05/books/james-c-scott-farmer-and-scholar-of-anarchism.html?_r=0

– “ La montagne et la liberté́”, antigo artigo de James C. Scott sobre a Zomia, publicado em francês em Critique international (n° 11, p. 85-104, 2001):http://www.cairn.info/resume.php?ID_ARTICLE=CRII_011_0085

– Vídeo de uma conferência pronunciada em 2009, por James C. Scott na Cornell Universitysobre seu livro:The Art of Not Being Governed:http://www.cornell.edu/video/?videoID=625

– “Dans le dos du pouvoir”, uma entrevista da revista Vacarme, com James C. Scott, realizada em 2008 por Gilles Chantraine e Olivier Ruchet, sobre o tema de seu livro sobre La Domination ou les arts de la résistance: http://www.vacarme.org/article1491.html

– O número especial doJournal of Global Historyconsagrado a uma reflexão sobre o conceito e espaço da Zomia (acesso reservado):http://journals.cambridge.org/action/displayIssue?decade=2010&jid=JGH&volumeId=5&issueId=02%20&iid=7807274

– Ao comentário sobre o livro de James C. Scott, disponível em linha, feito por Nicholas Tapp (Australian National University):http://aseasuk.org.uk/v2/aseasuknews/%252Fbookreviews/47/Scott

– Ao debate, em inglês, em torno do livro de Scott, com os comentários da obra e críticas de Michael Dove, Hjorleifur Jonsson e Michel Aung-Thwin:http://www.academia.edu/511756/States_lie_and_stories_are_tools_Following_up_on_Zomia

– Uma leitura bastante crítica de Tom Brass sobre o livro de Scott, que assimila a postura anarquista do autor de “fazer o jogo do neoliberalismo conservador”, “Scott’s ‘Zomia’, or a populist post-modern history of nowhere”, Journal of Contemporary Asia, vol. 42, n° 1, février 2012, p. 123-133 (accès réservé́):http://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/00472336.2012.634646

Principais obras de James C. Scott

The Moral Economy of the Peasant. Rebellion and Subsistence in Southeast Asia, Yale University Press, 1976.

Weapons of the Weak. Everyday Forms of Peasant Resistance, Yale University Press, 1985.

Domination and the Arts of Resistance. Hidden Transcripts, Yale University Press, 1990 (trad. fr.: La Domination ou les arts de la résistance. Fragments du discours subalterne, Paris, Editions Amsterdam, trad. Olivier Ruchet, 2009).

Seeing like a State. How Certain Schemes to Improve the Human Condition Have Failed, Yale University Press, 1998

The Art of Not Being Governed. An Anarchist History of Upland Southeast Asia, Yale University Press, 2009 (trad. fr.: Zomia, ou l’art de ne pas être gouverné, Paris, Seuil, trad. Nicolas Guilhot, Frédéric Joly, Olivier Ruchet, 2013).

Two Cheers for Anarchism. Six Easy Pieces on Autonomy, Dignity, and Meaningful Work and Play, Princeton University Press, 2012.

 

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