A lo largo de la Historia de la Filosofía hay nombres cuyo eco resuena con fuerza. Se trata en la mayoría de los casos de hombres cuyas obras y pensares cierran una época o inauguran la siguiente. Aunque esto parezca en principio chocar con, ciertos valores anárquicos la importancia de estos personajes hace que su conocimiento sea preciso en la batalla por la Idea. Esto significa que, no solo constituyen un armazón teórico cerrado interesante para el debate académico o que permita abstraerse del continuo devenir de nuestro momento histórico. No, al contrario acercarnos a ellos nos ayuda precisamente a ampliar el horizonte del presente permitiéndonos además que nuestros esquemas políticos, filosóficos, personales, se amolden a la realidad y no a la inversa construyendo con ello barcos de papel avocados a naufragar una y otra vez.
Para esta entrada voy a tratar de acercar algunas ideas básicas entorno a Hegel que, no pueden ni mucho menos cerrar la interpretación del autor pero quizás sí despertar el interés entorno a la misma y ampliar en parte la capacidad de proyección de las relaciones entre este y el pensamiento libertario. Hegel es tratado de manera popular como el “filósofo del estado prusiano” en primer lugar y, por extensión como uno de los defensores mas aférrimos de la idea de un Estado fuerte y articulador de la sociedad. Bien precisamente es sobre este prejuicio que vale la pena trabajar. La noción de estado del autor no contempla dicha institución como la forma final de la Historia sino, como la manera mas acabada de la libertad de la misma. Historia y libertad como veremos son el hilo conductor de lo que el autor considera el “Espíritu del mundo” el cual mediante la lógica ternaria (tesis, antítesis, síntesis) avanza ineludiblemente hacia su realización. La tarea de la filosofía por tanto radica en, captar el despliegue, la forma en que ese “espíritu” se desenvuelve en su realización con el fin de anticipar sus nuevas formas. Esta sería una de las razones -entre otras- por las cuales un joven Marx preocupado por los asuntos sociales comenzará a desarrollar una sistemtización de la economía en base materialista que considerara la lucha entre explotados y explotadores como motor de las transformaciones y en última instancia de la revolución. La obra de Marx (El Capital pero también los Manuscritos que pueden o no ser considerados parte del mismo) beben directamente de la fuente del idealismo hegeliano que es materializada dialécticamente en relación a la economía y a la lucha de clases.
Estas pocas ideas dejan ya ver su importancia para el socialismo de corte marxiano pero también los nudos que separan a este del anarquismo. Cuestiones como, una libertad abstracta e idealizada (aunque veremos que quizás no tanto) en Hegel, junto con un papel secundario del individuo en el curso de la Historia, combinadas con el economicismo marxiano son por supuesto las trabas y debates históricos que se tradujeron en la ruptura de la Primera Internacional. Ríos de tinta -y no solo de esta- han corrido, y no se trata aquí de demonizar o tomar postura entorno a una cuestión sobradamente estudiada sino, simplemente de ejemplificar una vez mas el eco de la obra de Hegel incluso en el devenir del movimiento obrero planetario. De esta manera podemos empezar a aventurar en términos contemporáneos como la “idea fuerza” del autor radica precisamente en la concepción filosófica de la historia la cual, se inspira profundamente en los economistas escoceses (Hume, A. Smith, J. Miller) los cuales ya habían dilucidado la importancia de categorizar los distintos estadios de las sociedades en base a su modelo económico a saber:
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Cazadores recolectores 2. Pastores 3. Agricultura 4. Estado comercial moderno
Como se puede leer en otras entradas, la idea de que esta sucesión en términos de organización económica conlleve a mayores cuotas de libertad es hoy día cuestionada. Es habitual que se hable en términos anarquistas de sociedades contra el estado que, en definitiva se opusieron diametralmente a la centralización y verticalización de sus pueblos. La cuestión de fondo no obstante en Hegel es, que los pueblos sin Historia en definitiva no participan del hilo conductor de lo que este considera el “espíritu del mundo”, el cual se guía por una racionalidad intrínseca que se descubre en la sucesión del tiempo y las transformaciones del mismo. Esta precisamente sería la que podríamos considerar la dimensión “utopísta” de Hegel, que no existe una realización completa ni última de la libertad, sino que esta se encuentra en un devenir constante el cual debe ser interpretado y puesto sobre la luz para hacerse comprensible. Son muchas las críticas a esta negatividad articuladora de la libertad, quizás una de las destacables pueda ser precisamente la desarrollada por la Escuela de Frankfurt a la que quizás dedique tiempo en próximas entradas. En resumidas cuentas podríamos preguntarnos sencillamente ¿qué papel juegan los campos de concentración, las guerras mundiales, las bombas atómicas y otros sucesos en este despliegue de la libertad del espíritu? Posiblemente podríamos concluir que no, que efectivamente hay multitud de hechos que descartan radicalmente la posibilidad de que exista algún progreso en términos éticos o libertarios no obstante eso no evita el hecho de que al hacerlo precisamente nos situemos en el plano de “pensar contra” este autor tratando de verificar que efectivamente su obra constituye alguna especie de arcaicismo. No sería el objeto de este ensayo hacer una enmienda parcial o total o la obra sino, precisamente plantear los ejes problemáticos por lo que esta cuestión la dejo sencillamente en suspensión afín de que cada cual extraiga sus propias conclusiones.
Ahondando en el tema del espíritu en la obra de Hegel este merece una desambiguación. El espíritu en sus textos no es unívoco, al contrario existen dimensiones o formas del mismo las cuales podemos categorizar de la siguiente manera:
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Subjetivo (epsique, mente o alma personal) De los individuos ¿Cómo estamos compuestos? El hábito, los sentidos, los sentimientos.
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Objetivado (en instituciones). Familia, Sociedad civil, Estado, Fª del Derecho. En Hegel ocupa un lugar sistemático. El estado es la mas última y lograda representación del espíritu objetivo.
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Absoluto: Aquel en el que el espíritu se encuentra consigo mismo. Se dedica autoconocerse. Este es el mundo de la cultura. Se presenta bajo tres formas, Arte, Religión y Filosofía que, no es equivalente a sus definiciones actuales. Sería el “mundo” de lo cognitivo a través de la razón. No esta mediado con lo externo tan solo consigo mismo.
Todas estas formas del espíritu son solidarias y necesarias para el despligue del espíritu del mundo el cual se realiza a la manera negativa ya expresada. Lo importante consistiría en aprehender la realidad profunda que comprende los hechos concretos y su relación con el espíritu del mundo. De esta manera a través de la totalización de la realidad es que alcanzamos a comprenderla a través del, arte la filosofía, la religión y también claro en la política entendida no como práctica meramente burocrática sino como acción. En este punto es importante también como el individuo no juega en todo este despliegue de ideas un papel central, hay una especie de providencia, de sentido destinario que guía la Historia en la cual las personas actuamos aunque no acabamos de saber nunca del todo porque, el sentido emerge justamente al final haciendo racional lo que era incomprensible. Somos guiados para Hegel en definitiva por una “astucia de la razón” que nos proyecta en un plante pre-concebido hacia la libertad.
A fín de cerrar este primer ensayo sobre el tema cabría destacar como la Filosofía de la Historia aparece precisamente en este esfuerzo sistematizador y racionalización de lo humano. Y digo lo humano porque, para este autor la cuestión de la Naturaleza o de Dios (a pesar de la insistencia en palabras como espíritu) no revocan mayor interés, la Historia Universal es historia del ser humano porque este esta en despliegue en proceso de realización. Por el contrario, la naturaleza que podríamos denominar extensa o la divinidad no son mas que la continua repetición de lo mismo. La semilla ya alberga al árbol lo contiene, en cambio el surgimiento y caída de formas de organización social comportan la posibilidad de algo nuevo. Es este el interés profundo de Hegel, contemplar la Historia como una dynamis (dinámica) de contradicciones que, aunque avanza por el lado malo adquiere su sentido y explicación al final lo cual no deja de ser una idea tentadora aunque peligrosa si la deponemos en manos de las fuerzas de la reacción.
Para realizar esta Filosofía de la Historia podemos iluminar la cuestión en base a las siguientes condiciones:
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Un núcleo a priori, la analítica del género de realidad que se intenta investigar – la materia en física, lo <<histórico>> en la historia.
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Un sistema de hipótesis que enlaza este núcleo a priori con los hechos observables.
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Una zona de inducciones dirigidas por esas hipótesis.
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Una vasta periferia rigurosamente empírica. Descripción de los puros hechos o datos.
Aunque creo que, los distintos puntos son bastante claros y quien quiera profundizar en ellos no tiene mas que dirigirse a “Filosofía de la historia” (Jacobo Muñoz) tratare de explicarlos nuevamente de una manera mas sintética. Toda Filosofía de la Historia futura se comporta a raíz de estas condiciones definiendo primero su objeto, luego planteando un esquema en forma de hipótesis que pone en relación con los sucesos acaecidos para luego inducir el sentido de estos de lo particular a lo general. Por último “bastaría” con plantear una visión panorámica de todo ello que nos permitiera captar el sentido profundo de los mismos. Otra manera de explicar mas sencillamente estas condiciones sería la siguiente, que toda Filosofía de la Historia requiere de:
1. La idea de un sujeto histórico universal. Este se constituye como el objeto de estudio, llamase la “humanidad” el “espíritu del mundo” o las distitnas clases sociales que ocupan la hegemonía social en un momento dado.
2. La idea de una periodicidad. Es decir, que a una época sucede la siguiente y que estas se entienden de manera clara y diferenciada. Precisamente porque esto no ha ocurrido con la denominada “Modernidad” con respecto a lo que enuncia el “Posmodernismo” es que continuamos siendo afectados por sucesos, instituciones o costumbres que hunden sus orígenes varios siglos atras.
3. Por último una teleología. La idea de que la Historia avanza hacia algún lugar concreto, en el caso del anarquismo (o incluso de Marx) hacia la abolición del poder, pero también en el caso de Hegel hacia la realización del Espíritu Universal y de la libertad.
Y en resumidas cuentas este sería el nudo que distancia profundamente al autor y su recepción con nuestro momento contemporáneo. Son muchas las personas que, desde distintos ámbitos hablan de un inminente colpaso civilizatorio el cual pensando precisamente contra Hegel no necesariamente conduzca a unas mayores cuotas de libertad. Este opondría que es necesario precisamente iluminar el pasado para comprender el presente, quizás una de las enseñanzas mas importantes que podríamos recoger es preguntarnos ¿cómo exactamente hemos llegado a este punto? Esta labor “arqueológica” del filosofar es justamente la que, frente a la balsa a la deriva que nos ofrecen los microrelatos de la posmodernidad posibilita el hacer comprensible lo incomprensible, el darnos una hoja de ruta provisoria de al menos aquello que “no es prudente volver a hacer” como por ejemplo, restituir la idea de un Estado fuerte y centralista como el que constituyo la URSS de Stalin para refrenar los impulsos necróticos del capitalismo.
Aunque me gustaría volver al tema mas adelante no se cuando pueda ocurrir esto y pienso que para el lector/a avispadx y que no se haya enfrentado con anterioridad a este autor quizás se hayan abierto ya nuevas sendas por explorar. Desde mi punto de vista el “reto” que nos lanza Hegel a lxs anarquistas consiste precisamente en este, pensar que, si bien el Estado no conforma la máxima forma de libertad a la que podemos aspirar agotarlo, destruirlo, implica precisamente entenderlo en sus formas profundas y en su desarrollo histórico, realizar por tanto una pre-cognición del mismo la cual sometida a la luz de los hechos históricos que la han dado forma evidencie claramente su agotamiento e inminente final.