
Antonio Tejera Afonso (Antoñé) era uno de los nuestros, o mejor dicho, mas de uno quisieramos llegar a ser uno de los suyos, un parecido a él. El compañero afiliado probablemente entorno a 1927 a la CNT siendo natural del El Llano en Santa Cruz de Tenerife fue un militante destacado de la organización. La transcripción abajo presente consiste en una entrevista realizada -de manera afortunada- por Jorge Luis Sosa Campos. En un primer momento pense en editarlo en pdf y darle un formato que facilitará su impresión, luego me he dado cuenta de que eso no es necesario ni urgente. Postergar una publicación que de por sí creo que es necesaria y facilitar su copia y reproducción me parece mas importante. Toda vez que las palabras que añado al inicio de esta entrada sirvan simplemente como una contextualización somera del momento y de las consecuencias de lo que se narra en la entrevista. Hay muchas cosas que a quien ya conozca algo de la historia del anarcosindicalismo canario le traeran obvias reminiscencias, como por ejemplo el exilio de Durruti a las islas y el mitín que inauguro la conformación de la Regional Canaria en 1932. O la mas conocida «huelga de inquilinos» en Santa Cruz de Tenerife que protagonizaron los vecinos y vecinas del histórico barrio del Toscal, nombres y localizaciones conocidas del momento etcétera.

La narración que sigue a estas líneas forma parte de la marginalidad dentro de lo marginal, quiero decir con esto que, se unen a su general invisibilización tres sucesos:
1. El arraigo con el que permearon las ideas revolucionarias en las clases populares del archipielago, lo cual condujo a las fuerzas de la reacción a un enseñamiento salvaje e injustificado contra sus miembros. Salvaje por su dureza, injustificado por la escasa capacidad de una respuesta armada al levantamiento militar que surgió de Canarias, máxime teniendo en cuenta el aislamiento con respecto al frente de guerra. Hablamos miles de canarios desaparecidos siendo que, solo en la isla de Tenerife algunas de las estimaciones mas «halagüeñas» hablan de 1600 personas («La Justica de los Rebeldes», Ricardo García Luis) y 62 fusilados en dicha isla. Cifras que, se podrían completar con otras lecturas como la reciente publicación del libro «Y Franco salió de Canarias» (Ramiro Rivas) para que podamos a llegar a alcanzar una somera idea del despoblamiento brutal con el que fueron maldecidas estas islas.
2. La poca o escasa memoria histórica en las islas que, a pesar del esfuerzo de generaciones de historiadores/as y militantes continua sin alcanzar a la mayoría de la sociedad. Esto conlleva a muchísimos errores, confusiones que hacen incluso a las personas naturales del archipielago crean cosas tan absurdas como que nunca hubo una expresión popular y revolucionaria en su tierra. Es falso, la «Regional Canaria» en tanto que organismo federado a la CNT ha alcanzado hace varios años la poca envidiable edad de octogenaria lo cual la convierte en unas de las «regionales» históricas de la confederación. A esto se suma los testimonios que llegan a situar el orígen de uno de sus sindicatos en 1907 (como señala el propio Antoñe) y siendo que, incluso con anterioridad podemos hablar de anarquistas conocidos y órganos de expresión obrera, así como asociaciones de vecinos en las que estos/as colaboraban. No es extraña ni la publicación periodística ni tampoco la satírica como es el caso de Barreno y Fuego (1908) que conforma uno de estos primeros órganos de expresión de las clases populares isleñas.

3. Y también ¿por qué no decirlo? El desinteres generalizado tanto en el ámbito local como en el resto del estado por la historia de este país de islas. Salvando las distancias con aquellas personas que en general siendo o no historiadoras se sumergen en los puntos de fuga del relato, se «magrean» con archivos históricos clausurados durante generaciones y vuelcan su esfuerzo personal en hacer vivenciales las memorias de los desposeídos, la práctica totalidad de la historia del archipielago es desconocida para el resto del Estado español. No se puede culpar en este punto al «exterior» quizás y sea lo mas prudente señalar que, la ausencia de instituciones de la memoria propiamente canarias han facilitado esta desmemoria y olvido selectivo que para nada es tampoco casual.
En cualquier caso, tres motivos. Que eran pobres, que eran anarquistas, y que además vivían en una colonia alejada de la metropolis durante una cruenta Guerra Civil han facilitado el enterramiento de sus vidas e ideas. Espero que esta publicación facilite un testimonio mas que desde hace tiempo creo que es imposible encontrar por las redes. Si algún colectivo, editorial, fanzinoteca desea coger el texto para su difusión sirvase libre de hacerlo puesto que, el máximo deseo esta gente no era otro que el de beneficiar al conjunto de la humanidad y de la clase trabajadora con sus actos y sus palabras. Y dicho esto siento si estas palabras iniciales han alargado ya de por sí una entrada extensa pero, considere que era necesaria alguna aclaración además de necesitar un «pequeño» desahogo por mi parte que explicase las razones de esta entrada.
Introducción:
Una sola bandera con nuestra sangre y el color del eterno retorno.
El deseo de los dioses se hizo realidad y nació Antoñe frente al mar. Un enviado desde la tierra a mostrar la verdad de los cielos más claros. No dejar paso a la duda porque la utopía recorre la sangre, como primera realidad, de los hombres que viven a la luz. Antoñe no se conforma con decirlo al pido, irradia voluntad de recién nacido, como es la vida en justicia entre hermanos.
Los cobardes defensores del estado de muerte con la idea de un jefe omnipresente que se embalsama aplicando su ley social de salvapatrias de manera directa en los cuerpos, creyendo dominar la esencia de los hombres libres. En Antoñe no les fue posible tras muchos años de intento. Noches enteras soportando los sables y pistolas apuntando las sienes. Obispos saltarines en rezos fúnebres como único objetivo perpetuar el poder del Vaticano en compaña de la Santa Orden del Capital con sus tesoros y grandes millonarios.
En su novela escrita en el Penal de Santa María, Cádiz, y todavía inédita,[1] su fortaleza de principios se manifesta: “Pero a pesar de todo teníamos absoluta confianza en la causa que defendíamos y éramos libres por encima de todas las leyes absurdas y tiránicas de los Estados indecentes. Qué nos importaba que nos amarrasen si nuestras almas eran luz de libertad.”
En una maraña de contradicciones el devenir histórico ha sabido estar siempre muy despierto con una actitud decidida de defensa de la causa obrera y del ideal de libertad anarquista. Así es como ha forjado su fuerte personalidad llena de un humanismo íntegro. El mundo le ha sido pequeño buscando imposibles, propio de quién busca su identidad isleña, adaptado a un ambiente con condiciones adversas donde vastos colectivos aparecen carentes en relación a su medio. Duerme el espacio feliz de la conciencia.
No hablo de un ídolo, ni de un héroe. Hablo de un hombre vivo que hasta el último de los días estará con la vida frente a frente.
Vamos a individualidades colectivas o a la miseria nos ahoga en maldiciones como único recurso de escape. El sueño que alumbra la noche, esa larga noche que el PODER con todas sus manifestaciones parasitarias alimenta en su deseo voraz de servidumbre. Invisible adopta posiciones de misericordia para dar tiempo a ir taladrando voluntades creativas y perpetuarse. Aquí tenemos la expresión vital de Antoñé dispuesto a hacer de los insomnes un día eterno de sueños y al fuego a quiénes tienen veneno en sus venas.
Marzo-87
1ª Edición: Jorge Luis Sosa Campos. Reedita e Imprime: C.N.T. S.O.V. Santa Cruz de Tenerife
[1] La novela hoy en día se encuentra editada por Lagrimas y Rabia habiendo sido transcrita por el historiador Ricardo García Luís bajo el título Añoranzas Prisioneras.
ANTONIO TEJERA AFONSO, más conocido por Antoñé, nació en el barrio de El Cabo o Llanos (Santa Cruz de Tenerife) el año 1907.
De su aprendizaje recuerda: “La escuela fue muy poca. Donde último estuve fue en la calle San Francisco, era Don Manuel Cambreleng, maestro de escuela, y claro, ese hombre era muy duro nos ponía las manos así (con los dedos unidos en punta) ¿no? Un día me pegó, cogí la puerta, salí escapado y no fui más. Hasta que le mandó una carta a mi padre. Mi padre me llevó a correa. “Que no, que no papá”. Hasta que mi madre se tiró: “Lo vas a matar y tal” , -peleando con mi padre por mí. Y no fui más a la escuela. La mecánica la aprendí con mi padre, mi padre tenía un taller, era un gran operario; fue encargado de la casa Hamilton, – que era el taller más grande que había aquí – a los 17 años encargado- jefe del taller.”
Su afiliación a la C.N.T. (Confederación Nacional del Trabajo) se remonta al “año 26”. Y asegura que la C.N.T. está desde el año 17 en Santa Cruz de Tenerife, lo que pasa es que entonces eran gremios; estaba el local en la calle del Castillo y después se cogió el de la calle San Francisco, que era de carga y descarga del carbón.”
En sus inicios, “me gustaban sus ideas”; y en cuanto a influencias se encuentran en “las clases que daban Coba e Infante, enseñando los métodos de Ferrer i Guardia”.
Su inicio de militante: “Yo estaba en la Sociedad Obrera, que entonces pagábamos una peseta y
teníamos médico, botica, el entierro y la escuela, por una peseta al mes. Estaba en la calle del Barranquillo y después la pasaron abajo, a la Alameda. Pues ahí somos obreros. Cuando eso (Dictadura de Primo de Rivera) estábamos en la clandestinidad. Salían “manifiestos” y salía tal. Estuvo aquí un compañero que era José Canela, catalán, que era muy amigo de José Gil. A él lo mandaron desterrado aquí, y daba conferencias en la gallera, en la calle Santa Rosalía”.
Y recuerda la venida de Durruti a Santa Cruz de Tenerife: “Sí, aquí estuvo Durruti cuando lo mandaron desterrado, que lo trajeron de Fernando Poo. Estuvo aquí y dimos una vuelta por todo. Y estuvo en la cárcel, a ver a Vidal (Antonio Vidal Arabí), que entonces estaba en la cárcel. Yo lo ví, si hombre; bueno, ¡un hombre!, era un tío valiente y luchador. Dio un mitín aquí, en frente de dónde está hoy La Plaza de la Paz, que eran unos almacenes de Don Pedro Duque, allí dio un mitin él, cuando estuvo aquí. Sí, sí, ya había gente”.
“La C.N.T. empezó a tener fuerza ya en el año 30, antes de la República”. Para Antoñe “La República fue un fracaso; un parto sin sangre”. Y afirma: “Fue la que más nos persiguió, más que la monarquía. La Repuública inventó la ley de Fugas. Aquí no tuvimos bajas aquí las cosas mas gordas fueron las detenciones”.
Su primera detención ocurrió con motivo de la larga huelga general del Puerto de Santa Cruz de Tenerife: “Estuvimos presos en el año 32; estuvimos juntos, estaban Vidal, Coba, Infante, Bernardino, Padrón huy!, un montón. Miguel Luque Espino por escribir un artículo en el periódico “EN MARCHA” (de la C.N.T.). Yo fui por pegarle una cuerada a Estaban Caitanito, el jefe de la patronal, que era el dueño del muelle; el iba a buscar los esquiroles a Güimar, los traía a trabjar. Le oí decir: “Des luego hay mil hombres en el muelle y yo me paseo por todas las calles de Santa Cruz y no hay ninguno que me salga al paso”. Y me dio rabia. Fui a la casa de Domitilia: “Dejame la pistola que voy a buscar a Caitanito. Encima de lo que está haciendo habla de que no hay quién le salga al paso, le voy a salir yo”. Y yo fui para el muelle. Venían él y Garabito, los dos de abajo. YO los vi pasar, lo toqué por la espalda, le dí ¡pum!. Digo, si no cae aquí nos liamos a tiros, pero cayó al suelo. La gente que estaba allí, gente del muelle, casi lo matan, patadas van patadas vienen. En esto vino Casado, policiía secreto, “¡Manos arriba!”. Yo tiré la pistola. Dice: “Coga la pistola”; “¿Cómo voy a coger la pistola si eso no es mío?”. Fuimos al Gobierno y del Gobierno para la cárcel; allí estaban todos. Me hicieron un juicio y me condenaron a un año por tenencias ilícitas de armas. Estuve dos meses en la cárcel.
Sobre la huelga de inquilinos manifiesta: “Eso fue cuándo los desahucios. Fue una de las huelgas mejores que se hicieron aquí. Se planteó esa huelga porque Domitila, que vivía en el barrio de Salamanca la desahuciaron. A todo aquel que era administrador y había desahuciado, pum, los pianos y todo por la ventana. En la calle del Sol vivía uno de ellos, pues allí fueron y todo por el balcón. Hasta la caja de Augusto Brito, que era uno de los administradores, la trajeron al puente Galcerán, con papeles, dinero y todo, ¡pum!, por el puente Galcerán la tiraron. Y la huelga se ganó”. Aunque especifica que “después hubo cuero”.
Sobre el atentado al presidente de la Audiencia, Gobernador interino, nos dice: “Sí, ése sí ¿Por qué? Fernández Díaz decía que era el enemigo número uno de la C.N.T. Cada vez que salía de aquí el Gobernador, él tomaba medidas y hacía herejías. Presos, presos y presos. Y había que tomar una medida porque era capricho que él tenía contra la C.N.T.”
El atentado a la panadería de Cuatro Torres es contado de la siguiente manera: “Los panaderos estaban por turnos y él hacía todo con su familia. Y le dijeron que no, que tenía que aceptar las Bases que estaban firmadas. Y él se negaba. Y entonces fueron allí a ponerle una bomba, eso fue así. Cuando se fueron, se tiraron encima, pum, pum, y le pegaron un tiro, murió”. Y las trágicas consecuencias de este hecho: “Por uno pagaron más de trescientos. Los panaderos, desaparecieron aquí más de trescientos; iban a la cárcel, los sacaban y los desaparecían. Eso fue cuando el movimiento”.
Sobre los grupos de defensa confederal, “eran grupos secretos, eso lo llevaba Vidal y el Catalán (Martín Serasols Treserras), eran grupo de dos personas nada más, nadie más lo sabía. Daban las órdenes, elegían a las personas y hacían la acción”.
Después de la llegada de Franco a Canarias comienza la conspiración de los rebeldes: “Cuando ellos subieron a La Esperanza tenían todo tomado y el único que podía detener a Franco era el Gobernador (Manuel Vázquez Moro) y no lo hizo”.
El 15 de julio de 1936 de la C.N.T. realiza un intento de atentado contra Franco: “En Capitanía, entonces había allí un bar que era de Maruca la Catalana, dónde está hoy el garaje, aquello era un bar; y había un balcón que daba al dormitorio de Franco, que estaba pegado al bar, y había que saltar a la azotea del bar e ir a la terraza esa. Decían que la puerta estaba abierta siempre; claro, entrar allí, pum pum y liquidarlo. Resulta que la puerta estaba cerrada con una tranca por dentro y aquello no cedía. Franco se tiró a la puerta de la plazaq de Weyler para allá: ‘Socorro, auxilio, pistoleros. “Eso fue a las ocho de la noche, ya estaba oscurecido. Fueron tres con una pistola cada uno. Saltaron de la terraza al bar, al balcón del dormitorio dónde dormía Franco. Fue un cobarde, si Franco es un hombre valiente y sereno allí los mata como perros, de dentro, pum pum pum y se quedan allí. Luego estuvieron averiguando, palos van, palos vienen; no sacaron nunca nada en claro”.
“Yo tenía 28 años cuando empezó el Movimiento. Dijeron que todo el que no iba al trabajo sería procesado; entonces fui y me corté con un cuchillo, y fui al médico, que era Don Agustín Pisaca, me dio unos puntos y me dice: “Vete y no aparezcas por Santa Cruz hasta ver cuándo se caba esto”. Entonces me fui para Tacoronte”.
Pero previamente, “Santiaguito Guerra y yo fuimos a avisar al Alcalde, a Schwartz, “hay un movimiento militar”. ¿Y sabe lo que nos contestó?: “pues horita vendrán por mí”. Nadie pensó que Franco iba a hacer lo que hizo”.
Un hecho poco conocido es el siguiente: “El 18 de julio la gente empezó a salir a la calle. Sí, nosotros sacamos las armas del Cuartel; fue el capitán Vega quién nos dio las armas. Y Dionisio y Bobet venían detrás de nosotros cuando sacamos los onces fusiles, pero nada, qué íbamos a hacer, tirarlos al agua. González Campos no hizo nada tampoco sino que se resistió a adherirse al Movimiento y por eso lo fusilaron. Franco ganó la guerra sembrando el terror, aquí no había nada más que ocho falangistas, los falangistas controlados eran ocho o diez nada más, hombre; y después se apuntaron todos, todos al árbol caído de sacar leña”.
Otra acción de resistencia fue la que nos relata a continuación: “Se intentó asaltar el cuartel de Artillería (Almeida). Ahí fuimos unos cuantos y no nos mataron de casualidad. Decían que estaba ocupado por compañeros. Entramos por la explanada, pum pum pum, las ametralladoras, rodando por allí abajo, por esas piteras, que no sé cómo escapamos. Nos tiramos a la carretera y allí a correr, unos para un lado y otros para otro, ¡nos perdimos! No llevábamos ningún arma; las íbamos a encontrar allí, porque decían que ya estaban ocupados los puestos de mando por compañeros. Ese plan lo había hecho Santos, Domingo Santos, que sirvió en Artillería”.
Un proyecto que nunca se llevó a cabo fue el que nos relata Antoñe: “Aquí hubo uno que fue el Matanzas, en una reunión en casa de Jorge propuso, -desde luego no habían armas- y entonces el Matanzas dice: ‘Armas tenemos todas las que queremos porque cogemos dos bidones de gasolina, uno lo lanzamos en la Rambla y otro en la calle del Castillo, le damos fuego y cuando los militares vengan a sofocar el fuego, asaltamos el Cuartel’. Y entonces Coba ‘Esto es un crimen, esto es un disparate’. Coba era de los moderados, de los elementos más burgueses, no quiso. Y ése fue el momento”.
Ante el fracaso de la intentona, “entonces ya, claro, al fracasar aquello, no había más remedio que ir comprometiendo a la gente de la izquierda,; entonces se mandó un mensaje a Cordero a la Orotava. Cordero desde que llegó se chivó de todos los que estaban comprometidos. Empezaron a coger gente de la Orotava . . . El plan consistía en tomar la Orotava y después venir a Artillería de Montaña, coger las armas, los cañones empuntarlos en La Cuesta, -Santa Cruz no tiene más entrada por La Cuesta tiene que pasar todo el Sur y el Norte. Los cañones a Capitanía: ‘O se rinden o bombardeamos Capitanía’. Como no entran víveres ninguno, el agua cortada y todo, no tienen más remedio que entregarse. El plan era del Catalán y Vidal”:
Antoñe ayuda a Vidal a escapar: “El día 19 de septiembre salió Vidal de aquí, no se me olvidará nunca. Maestro Elías que era patrón de barcos, ¿no?, estaba ‘La Juanita’ en el muelle Norte. Entonces el Chumbo, de La Laguna, el químico de la Junta de Obras del Puerto, Santiaguito Guerra y yo, nos empezamos a ver en casa Mayero, que tenía una venta en la Avenida de Anaga, y allí iba la gente a comer. A Maestro Elías empezamos a aconsejarlo: “No ve Maestro Elías, el Gobierno (República) está buscando gente en Barcelona, porque usted allí . . .’Lo aconsejamos tanto, tanto lo aconsejamos que el hombre cedió. En la playa de San Antonio, en un botito salió Vidal un asturiano que yo no había visto y otro más cogieron el barco con Maestro Elías. ‘La Juanita’ que era dfe Don Andrés Llombet, cogieron el barco y se fueron a Barcelona. Vidal me dijo a mí: ‘Yo antes de un mes estoy aquí con la escuadra’ ¿Con la escuadra, no? No pudo hacer nada porque él no volvió más aquí”.
Y llega el día amargo de la detención: “El día 20 de septiembre estaba yo en Tacoronte, un domingo en Lomo Colorado, y veo venir un coche de arriba; estábamos en la puerta, fuera de la casa, mi mujer, mi suegra, -que había ido para arriba y yo. Dije: ‘Ahí vienen por mí’. El coche paró ahí mismo, y me dicen a mí: “¿Vive aquí Antonio Tejera?” Antoñe trata de burlarlos diciendo que es el cuñado y que está “en la fuesta de Tacoronte”. Van a la fiesta y “en esto Eustaquio el cuñado de Pinto, vestido de soldado, era compañero, ¿no?: “Coño, Antoñe”. Se deshace el malentendido y los “tres policías secretos” le dicen: “Vamos con nosotros, usted es Antonio Tejera”.
Y prosigue con los polícias hasta “La Laguna, dónde está el cuartel; allí dos soldados, uno por un lado y otro por el otro en el coche, y un policía atrás y dos delante. Y para San Francisco, al Palacio de Justicia; allí fue Otero y Matos”.
Empiezan las represalias: “Tenía dos hijos. A mí me detuvieron un domingo, y un lunes echaron a mi mujer con mis hijos a la calle. Yo vivía en la calle La Rosa. Tená una finca tremenda con 70 plantones de plataneras, un gallinero . . . .”.
Ya en el Palacio de Justicia (¿), “a puñetazos desde que entré allí, a palos con uno de los falangistas; allí me tumbaron, me apelearon todo lo que les dio la gana”. Y empiezan las torturas: “Amarrado por detrás, colgado del techo, y preguntando hasta que perdía el conocimiento. Matos era peor que Otero. Preguntando: ‘Tú ¿dónde están las armas?’ ‘Yo no sé de armas ni nada’. Pum, falangistas con el fusil al suelo, yo descalzo, uñas para el carajo; y caminaba así, con los tacones, yo no podía caminar, tenía que arrastrarme con las manos y los calcañales, porque no podía”. Y nuevas torturas “Colgado me quemaban con velas, cigarros y hierros calientes; yo no los veía porque estaba colgado. Sentía los dolores y gritaba, un dolor terrible que me dejaba casi muerto, sin conocimiento. Tenían sogas, chuchos de buey palos y con todo lo que trincaban. Aguantaba tanto porque perdía el conocimiento, y entonces decían: ‘Para’”. Y para mayor escarnio. “se presentó allí un médico, vestido de paisano, pero resulta que era Teniente de Artillería, estuvo mirando, observando. Cuando el hombre me vio, les dice: ‘No, si todavía pueden seguirle pegando’. No podía ni caminar ni moverme . . . .”. Y no sólo aguantó leña Antoñe: “Vi a Domitila y a Carmen Goya, -que todavía vive- negras de aquí para bajo, negras, llorando, allí”.
Como dato de interés, resaltar el testimoniop que sigue: “Ese día (18 de septiembre) lo cogieron . . . un Diputado de La Laguna (en realidad nació en el Puerto de la Cruz) éste, Don Luis Rodriguez Figueroa, -era viejo, tenía 60 años- que después estuvo dos días en celda conmigo; allí le dieron leña, yo vi cuando le pegaron. Y me decía: ‘A mí me matan’. ‘Y, ¿por qué coño lo van matar?’ , -decía yo- ‘No, porque ya verás. . . esta gente en fin. . .’- Y efectivamente en octubre del 36 lo desaparecieron; al poco tiempo de estar aquí lo llevaron a la Logia Masónica y de allí lo desaparecieron”.
Antoñe aporta coartadas irrefutables: “Me preguntaron por la muerte de los panaderos, si yo sabía. ‘Nada tampoco; esa noche murió mi padre, el 29 de mayo del 36’. Dice Otero: ‘Ves con un serrucho le cortamos la cabeza y la tiene llena de milagros este cabrón’ Y entonces me echaron fuera ya de allí’.
Y empieza un largo peregrinar por diversas cárceles: “Estuve en Fyffes, en los barcos, en Gando, en la cárcel de Las Palmas, en el Puerto de Santa María y en Yeserías”. Y comenta: “La cárcel que mejor estuve fue en los barcos porque allí eramos como una familia todos”.
Ya en Fyffes se entera de la detención del Catalán: “Hablamos en la celda que desde luego había sido un chivatazo porque a él no lo conocía nadie. El no quiso disparar en el mercado viejo cuando lo detuvieron, -fue una pareja y fueron a por él- él estaba mirando un escaparete ahí, entonces vinieron y le dicen: ‘Manos arriba’. Y él tenía una pistola,- ‘si yo disparo allí hay una masacre’- ‘no, si ustedes están equivocados . . .’ . Entonces uno le dio con el fusil lo tumbó. Iban a tiro hecho; ya estaban al tanto de quién era”.
De los últimos momentos del Catalán, nos dice: “Pusieron unas argollas allí, en capilla, para atarlo. ‘Yo no soy ningún fantasma, yo soy como un hombre cualquiera’. Entonces vino el cura, allí le dijo una cantidad de cosas al cura: ‘Vayase porque yo no quiero discutir con usted, porque desde luego la Ley de Cristo es muy bonita pero ustedes no la cumplen, -allí le dijo perrerías- por ser demasiado humana ustedes no la cumplen’. ¿Confesarse? ¡Qué va! ‘Jugue y perdí, así que desde luego estoy dispuesto pero nada de tonterías’. A fusilarlo lo sacaron a él sólo que salió fumando un puro”.
De su vida en Fyffes recuerda, “Pues resulta que estando en Fyffes, que yo estaba tumbado en la cama, no podí caminar; me llevarón allí, coño, orinando sangre. Un día entero un tío allí, pum me lo ponen al lado mío. Un día me dice, -la cabeza aruñada, los pies y las manos sin uñas, parecía un monstruo- y me dice: ‘¿Tú no me conoces?’. Digo: ‘No, que voy a conocer yo’. Dice: ‘Soy Lucas, Lucas Grillo, el Teniente- Alcalde del Tanque’. ‘Coño, si es verdad ¿y eso?’. ‘Cállate la boca, mira cómo me han hecho estos criminales’. No tenía ya ni dientes, la cara toda desfigurada no se conocía, ¡qué va!. Y el hombre me decía: ‘Mira, manito, la otra vez los metí en la cárcel pero como esto cambie los meto bajo tierra y no entera ni la madre que los parió. Esos eran los hombres que valían”.
Pero, para entender la historia, digamos que a “Lucas Grillo, cuando el 36 lo nombraron Teniente-Alcalde de El Tanque. Había un lindero que era de dos marqueses y había una fuente dónde el pueblo iba a buscar agua, esto fue en la Monarquía; se pusieron de punta, pum lapidaron aquello, un muro, y tenía que dar la vuelta el pueblo para ir a buscar agua, más de dos kilómetros a la fuente esa. Cuando lo nobraron Teniente-Alcalde dice: ‘Cómo, venga pico y pala, este muro fuera, que esto es del pueblo, venga el paso libre’. Los marqueses cuando vieron aquello vienen para él: ‘¿Qué dice usted, sabe con quién está hablando?; yo soy el Teniente-Alcalde de El Tanque, venga a la cárcel, coño’. Y metió a seis tíos a la cárcel; seis marqueses y terratenientes de esos. Seis días por faltarle a la máxima autoridad. Había una cincuenta para comer: ‘¿Qué quieren comer ustedes?. Una cincuenta tienen para comer; como no les alcanza, gofio y platanos’. El primer día no se lo comían, ni el segundo pero el tercero como rosquillas se lo comían. Se quedó el paso libre, ¿no?, los echó a la calle”.
Y empieza la ‘Ley del Saco’: “Desaparecidos un montón: Al hermano de Vidal, a Jose Alberto . . . . en fin un montón. Iba desapareciendo gente que fue una masacre. Aquí en Santa Cruz hay mil seiscientos y pico, aparte de los del campo. Una cosa que nadie ha dicho, nadie. Cada vez que iban, Dolla la Hoz y Fray Albino, sacaban; un camión en la puerta y entraban. El los escogía al dedo, ni sabía quién era ni nada, el que saliera. EL que estaba condenado, no para atrás, pero el que no estaba condenado para el camión, para el camión, y hasta hoy. De ahí salió Fraterno Torres que era un chico compañero que escribía novelitas ideales, ¿no?, chiquitito él, bajito era de la C.N.T., peninsular; de Las Palmas lo trajeron aquí y estaba en Fyffes. Me acuerdo que una de las veces, era chuiquitito, ¿no?, cuando salía de las duchas, -él ponía la toalla encima de las tablas y después no la podía coger- y había un abogado de la Orotava, cuando salió le dijo; “Me hace el favor y me alcanza la toalla esa . . . .’ ‘Sí, hombre’, -hizo así y se la dio. Dice: “Cuando a usted se le caiga algo al suelo me llama a mí’. Tenía golpes cojonudos. Yo no me acuerdo ya de los nombres . . . montones de compañeros. Estos fueron los que salieron de Fyffes”.
Y luego continúa la pesadilla en la Prisión Flotante: “Bueno, ahí los sacaban cada noche; allí cada noche en la falúa, esos criminales . . . Los que fuimos allí estábamos condenados a la “Ley del Saco”. La última saca que hubo –en la Prisión Flotante – fue cuando sacaron a Antonio Montelongo, – que se destrozó todo con una hojilla de afeitar- cortado y todo lo llevaron. Esa vez sacaron a cinco: A Montelongo, a Pedro el Cartero, -que vivía en la calle de La Noria- . . . sí, cinco sacaron”.
La llegada de Guerra Zagala (nuevo Capitán General, en 1937) termina con las desapariciones: “Fue el que no prohibió la ‘Ley del Saco’, porque si no, no hubiéramos quedado ninguno. Cuando vino, dice: ‘Todo el que haya cometido un delito será juzgado’. Que fue cuando yo salí en el periódico ya juzgado, pero sin Consejo ni juicio ni nada; salí en el periódico condenado a 30 años por la muerte de Don Isamel Machado, que fue en el año 33 (era un burgés, un terrateniente, que había aquí, que era el dueño de la finca de Ventoso y me lo largaron a mí. Estábamos en el Porto Pi cuando salió la noticia”.
La explicación a la sentencia sin juicio, aunque arbitraria, se encuentra en que “Gonzalo Cáceres fue quién me hizo firmar que yo había matado a Machado; lo firmé porque me dijo que eso estaba amnistiado. ‘Por eso no te va a pasar nada, porque te van a matar a golpes aquí (San Francisco) y total . . .’ Me convenció. Era policía secreto. El padre era republicano y masón y traicionó a todo Santa Cruz porque todos teníamos confianza en él; republicano y masón, por eso lo postergó Franco. Por eso digo, todo fueron traiciones, traiciones por todos sitios”.
Una costumbre de la Falange era celebrar las victorias de los sublevados: “Cuando cayó Bilbao se fue el Teniente para tierra, -ya de acuerdo- y entonces vinieron dos falúas cargadas de falangistas. ‘Ya cayó Bilbao / pronto caerá Madrid / el día que Franco quiera / la guerra se acaba allí’. Entonces Reboso, un chico del Hierro que era ordenanza de Machín, el sargento que estaba allí arriba en el puente cogió una caja de bombas y dce: ‘Desde el primer disparo que oiga dejo caer las bombas ahí y no queda uno’, -con la caja así-. Miraron asustados todos, cogieron y se fueron cagados de miedo. Después a la noche, vino el Teniente Barrera, ‘¿qué pasó?’ ‘Nada, nada, sin novedad'».
Otra tensa situación fue la creada por un sargento de la guardia: «nosotros dabamos una perra todas las semanas para curarnos, medicinas y tal porque no nos daban nada, tirados allí como perros. Y entonces vino un sargento que le decían Malacara, que tenía una enfermedad, un bubón que le había salido, y entonces fue al médico allí, y le dij Bethencourt (Manuel Bethencourt del Río): ‘Eso tiene usted que ir al Hospirtal Militar porque los medicamentos que hay aquí son de los presos’. Dice: ‘Te pego una bofetada, viejo’. Pegó un salto como de aquí a allí, cogió un bisturí y le dice: ‘Pronuncia esas palaras otra vez y me quedo con tu cabeza en las manos, cacho cabrón’. Y se quedó blanco lo cogieron y lo subieron para cubierta, allí le dieron . . . volvió en sí. Entonces fue el Teniente, que era Bernardo Barrera, lo metieron en el calabozo de allí, una carbonera de aquellas. Pero claro, a las dos horas estaba la inglesa allí, la mujer, que fue quién lo salvó; vino allí con una orden Capitanía y lo sacaron. Pero lo quitaron de ejercer de médico; pero siempre él era el que nos luraba allĺ a todos.Y así fulmos escapalndo hasta que vino el Porto Pi. Unltío valielte Bethelcourt».
Y son trasladados a Las Palmas de Gran Canaria: «En Gando había un palo en el pato. Había que dar del cuerpo, al báter, ¿no?, y había que ir con los brazos en alto, y si los bajabas, pum, al palo cinco, diez días y noches. Cuando nosotros fuimos allí había gente que se había muerto en el palo, de frío, toda la noche».
Allí Antoñe se encargaba de cobrar un tanto por ciento de los giros que recibían los presos: «El que recibía un giro tenía que dar un cuatro po ciento o n dos porciento, seún los gros; dar un tanto para los necesitados y los enfermos a todo el que necesitaba».
Un episoio que demuestr el analfabetismo de los encargados de Gando, es el que sigue: «Mi mujer llevó ‘El Quijote’ a Gando, y yo claro, tan tranquilo leyendo El Quijote. Vino el Guanche (un cabo vara) y dice: ‘¡Ay! Con que leyendo libros revolucionarios . . .’ . Le digo: ‘¿Qué libro revolucionario si es El Quijote?’ ‘El Quijote, El Quijote’. Va al Capitán, un Capitán de Artillería, y dice; ‘Al calabozo un mes y que quemen el libro’. Menos mal que estaba gente que sabía y hablaron con el Capitán. El Quijote lo perd’y estuve siete días en el calabozo”.
De Gando todo el mundo quería fugarse. Y se preaparó una fuga: “Salía a buscar leña para hacer la comida Iba con un brigada por esos campos, por Mogán. Arguineguín . . . y ahí fue donde empecé a mirar al terreno. Se lo dije a la gente: Hay una falúa y hay botes’. Y empezamos a estudiar el asunto”. Los participantes en la aventura fueron: “José Serrano Roldán, republicano de Fernando Poo; Facundo Fernández Casseca, palmero, Araneta, capitán de la marina de La Palma; Tristán Santana, abogado socialista; y yo”. Ya en marcha el plan, se dice “que la falúa no porque era un entorpecimiento y en esa época que nos fuimos la corriente era de tres millas hacia el sur, -decía Araneta- ‘es mejor un bote, porque el bote se desliza’, -lo tenía calculado todo”. Y llegó el día señalado: “Salimos de Gando, pam, paramos en la venta; el camión siguió para Mogán a buscar la leña. Nos metimos allí. Ya estaba todo el plan. Bajé a la playa y le dí un mitín a los pescadores: ‘Ya llego el momento de lo que la República prometió; la fábrica de salazón que estaba prometida aquí la hace el generalísimo Franco, y usted hombre indicado, -se llamaba Garrancho, el que maneja aquello- dentro de unos minutos vendrá el ingeniero para tomar medidas, y usted será el que elegirá la gente que va a trabajar aquí’. El hombre encantado, ‘nada, ahora vendrá el ingeniero; necesitamos un barco para inspeccionar la costa’. En esto, que no aparece ninguno. Para arriba otra vez. Digo: ‘Coño ¿pero qué pasa?, si está todo preparado ya’. ‘Pero es que no se duerme el brigada’, -borracho-. ‘¿No se duerme?. Venga, ¿dónde está eso?. Dele café en seguida; le pongo aquello dentro (luminal), bébete esto borrachín del carajo para que se te quite’. Se quedo durmiendo, pom, frito. Uno con un saco al hombro, otro con otro, venga por ahí para abajo. Los marinos estaban esperando al ingeniero, nos ven a todos con un saco, ‘¿qué coño es esto?’. Ya allí era . . . ese barril de agua aquí pim pum, lo otro aquí, venga lo otro allá, pum, el barco al agua, y enseguida, ‘eh ¿qué pasa? ¡Ladrones!’ Venga las velas arriba parecía una paloma el barco. Cantando ya: ‘¡Viva la República, viva!’. Al día siguiente perdida la isla. Al otro día empezó un viento, un temporal . . ., buneo, nos rompió las velas, rompió el timón, nos quedamos al garete. Tuvimos que tirar los víveres al agua, -el gofio ya no servía- chupando leche condensada por el boe. Siete días encima del mar, noche y día, y gracias a Araneta si no nos ahgamos como perros. Un temporal que no salían los barcos del puerto, del temporal tan terrible. Ya extenuados estáams frente a Tenerife; el tiempo otra vez, pum, nos metió en Las Palmas. En eso la falúa de la Comandancia nos había visto, dieron parte, vinieron a buscarnos y allí nos cogieron. ¡Para Gando! . Desde que entramos en Gando, todos los días una paliza.
Nos daba palos ahí un rebenque que le decían el Guanche. Un teninete que había, Arismendi, vasco, el segundo día le dijo:
‘Venga, verdugo, a cumplir con tu deber’. Y ya no nos pegaron más. Y a pan y agua tres meses, pero encima había la enfermería, -era de madera- entonces abrieron un boquete, y con una caña nos metían café con leche, plátanos . . . y así vivíamos”.
Tras el juicio subsiguiente, Antoñe fue trasladado a la Prisión Provincial de Las Palmas. Allí se reunió un grupo, “Arroyito, Antonio Alfnso, -del Partido Comunista- un republicano que era oficial de prisiones en Córdoba, y yo por la C.N.T. Y el objetivo, “fuimos a hablar con el director”. Llevaban unas peticiones: “Necesitamos ropa, una cama porque estamos durmiendo como cerdos, en el suelo; una biblioteca donde haya libros que se puedan leer; que entre el periódico . . . Entonces dice Sancho: ‘Eso es ya mucho pedir’. Entonces: ‘ Y todavía no hemos pedido todo lo que nos pertenece’. Y dice él: ¿Y qué más le pertenece?’ ‘¡Que nos abra la puerta, coño! Que se abra la puerta porque hemos sorportado todo el rigor del fascismo con toda valentía y ustedes tienen que estar ocupando nuestro lugar ahora: ¡Hemos ganado la guerra!’
‘¡FUERA, FUERA!’. Pum, para la celda. Un plante, de ahí vino el plante: Dejar de comer todo el mundo, hasta los comunes, nadie. Eso fue en la Prisión Provincial de Las Palmas, en Barranco Seco. Y entonces ahí fue donde nos cogieron: Unos para Chinchilla, otros para Santa María, para Burgos para Ocaña; nos distribuyeron ahí a todos. Saimos un montón”.
Y continúa su peregrinar: “A mí me tocó, con dos compañeros más, para el Puerto de Santa María. En el Puerto se morían todos los días diez, doce hombres, todos los días, en pleno invierno. Y desnudos, en cueros, desnudos nevando. Cazando ratas para poder comer, pero nada de . . . ratas. Y después los curas con un capuchino que salió para el cementerio”.
Un día el director del Penal llamó a Antoñé: “Yo quisiera darles de comer mejor, pero es que no tengo dónde hacer de comer; me han dicho que usted. . . ‘Hombre, siempre que sea en beneficio de la población reclusa estoy dispuesto a lo que sea’. Me trajo unos bidones, les puse unas asas, hice las perolas esas para hacer de comer, y entonces empezó a mejorar la comida. Porque nos daban, la comida era: Dos caballitas chiquitas guisadas, un cazo de agua y una borona, – un panecito de cien gramos partido en tres- así que desde luego esa era la comida”.
Pero la lucha no cesaba, ni en la cárcel: “Se hacía un periódico todas las seamanas; hecho a mano con letra de molde. Lo hacía Cristobal Vega Alvarez, maestro y periodista de Jerez de la C.N.T. Hicimos unas mesas bien preparadas, con doble fondo, dónde se escondía, estaba en enfermería. Un día nos cogió el oficial, un cojo que había allí que era un sinvergüenza, todos los papeles. Cuando nos enteramos, -había pales que comprometían-. ‘hay que quitárselos a ese cabrón’. Nos reunimos unos cuantos, -siete u ocho fuimos- vamos al patio, lo cogimos allí ‘¡Venga, manos a la pared, regístralo!’. Guardó los papeles en el bolsillo, venga los papeles; lo aguantamos allí cara a la pared y ‘ no te muevas porque te matamos como un perro ahí’. Uno fue a la cocina, los papeles, al fuego todos. Nos formaron, nos tuvieron formados más de tres horas, buscando buscando, que él los conocía, ¡que coño va a conocer!, intentaba pero nada, se cagó en todo, no consiguieron nada”.
De lo más natural era estar infectado de piojos. Veamos el sistema usado en el Penal con los que tenía parásitos: “Les miraban todos los días; al que cogieran con un piojo lo cogían: Un pescante, con una polea, pum y dentro del bidón con petróleo y azufre hasta el cuello. Lo metían allí dentro y salían corriendo, uh, se morían en el campo aquel,-había un patio que era un campo de fútbol- allí corrían los hombres y se morían; muertos de hambre los metían en el azufre aquel y, claro, se morían. Eso lo hacían los funcionarios; mire, esa gente no tenía escrúpulos. Hasta que ya lo prohibieron también”.
La situación era harto lamentable: “Llegó el momento en que estábamos desnudos. Y entonces ya, en el 50 o 51, propusieron de darnos ropa. Nos reuníamos allí y decíamos: ‘¿Tú crees que a esto hay derecho?’. Porque había una comisión que estaba en el extranjero, justificando los crímenes que se estaban cometiendo en España, las injusticias, que los hombres se morían de hambre, frío; porque esto lo propagábamos, lo hacíamos salir a la calle con cartas, siempre había funcionarios que se prestaban por dinero. Pues cuando la ropa: ‘Esto desde luego es una canallada; todo el que se ponga la ropa es un traidor porque ahora mismo están nuestros compañeros defendiéndonos en el extranjero, demostrando los crímenes que están cometiendo con nosotros, y si nosotros cogemos es ropa los dejamos por embusteros’. Pues ahí un sí y un no. Y después mucha gente decía: ‘Porque hay miuchos que están desnudos, la verdad’. ‘Bueno, aquí lo que hay que hacer, cuando nos den la ropa, una hoguera en medio del patio y darle fuego’. Unos que sí y otros que no. Después se llegó al acuerdo ‘que no’, pues era ir en contra de los que no tenían nada, había que darles por lo menos algo, y se cogió la ropa: Un pantalón, una guerrera y un gorro nada más, descalzos todos”.
En ocasiones venían comisiones de inspección a la cárcel: “Cuando vino la Comisión, una media hora antes llegaron funcionarios, todos los que estaban caninos ‘¡venga para el patio de taller!’. Al poco rato el director con toda aquella escolta paisanos, ¿no?; entraron por allí para dentro, todos firmes, mirando los tíos, mirando . . .
Al rato los funcionarios, ‘venga estos para el patio, y los otros para aquí’. Y entonces un vasco, millonario, – le traían su comida en avión todos los días, pero era altruista- dice: ‘Esto es una pamplina, coño, estos no han venido a inspeccionar nada, esto es un crimen’. Lo meten en el ‘Telón de Acero’. Era un sótano, -lleno de ratas- que los metían allí y al que metían allí no lo veían más ni las moscas. Tres meses estuvo allí; pesaba 110 Kilos y salió pesando 42 kilos: Se murió a los 15 días”.
Es trasladado a Yeserías con motivo de una enfermedad: “Fuí a Yeserías a operarme de una hernia, que me dijo Juan José Luque que Gregorio Marañon . . . -eran íntimos amigos-. Cuando fui allí hable con él, y el hombre me atendió más bien que Dios. Y me dijo: ‘No te operes aquí, lo que tú tienes una pequeña hernia, que la tienes por salir todavía, no hagas mucho esfuerzo,y desde luego no hace falta que te operes porque aquí hay mucho entrometio, – me dijo – que van a hacer prácticas y te van a hacer una carnicería; habría que hacerte unos análisis a ver, porque llevas mucho tiempo preso, vete a saber cómo estás, así que te aconsejo que no te operes’. Y no me operé. Estuvo unos veintiseis o veintiesete días; y allí fue dónde conocí a Obaneja (Vicete Sergio Orbaneja, Gobernador Civil de Santa Cruz de Tenerife desde el siete de marzo de 1938 hasta su cese el 22 de diciembre de 1939). Digo: ‘Yo me acuerdo de usted, cuando fue a meter en Fyffes a Manuel Cruz’. Y entonces el hombre me empezó a contar lo que pasaba aquí. Me contó lo del Obispo Fray Albino. Una noche, al terminar la guerra a las 12 de la noche pidiéndome la audiencia el Obispo. ‘¿Qué pasa?. Dice: ‘Vengo pidiendo justicia’. ‘¿Qué pasa?». Dice: ‘Nada, que estos rojos han vuelto a resurgir; mire usted lo que me han mandado’, -un ataúd que era una preciosidad y un pergamino dentro que decía: Fulano de tal, que vivía en tal sitio, con tantos hijos, fue asesinado por usted . . . en fin unos 60. Y le dice Orbaneja: ‘¿Pero esto es verdad?’. ‘Pero si era rojos, eran rojos’.’Y entonces, por el simple hecho de ser rojo se ha permitido usted el lujo de asesinar. Váyase, que esto lo pongo yo en claro; y si esto es verdad lo meto preso por asesino’. Al día siguiente se fue a Madrid y fue quién echó de aquí a Orbaneja,; eso me lo contó él a mí”.
Orbaneja le contó otra canallada: “Perón mandaba los barcos cargados de trigo, y en España no había trigo ni había nada. Entonces le escribió directamente a Perón, diciéndole que el trigo que venía para España, salía de Portugal, los trenes para Alemania y para Italia; mientras en España el pueblo se moría de hambre”.
Y llega la hora ansiada de la libertad: “Cuando salí de allí (Penal de Santa María= vine para acá en seguia. Cuando me vi libre, digo: “El primer barco que salgo to me voy de aquí’. Cuando vine me encontré que hbaía (en micasa) un cuartel de Falange”.
Y pretende continuar la lucha: “Cuando vine aquí, en el 54, (tras 18 años en prisión) me desmoralicé todo porque no había nadie; nadie quería saber nada”.
Y cuando se le inquiere el cómo pudo soportar las carceles, manifiesta: “El espíritu de uno, el convencimiento de que tienes la razón. Yo creí que esto fuera a durar poco. Yo pensé: ‘Esto mañana, la semana que entra a Franco lo matan, tienen que ir a buscarlo donde esté’, -y me obsesión era ésa.
Sus principios ideológicos son los propios del anarquismo: “Cada uno debe consumir con arreglo a sus necesidas y producir con la edida de sus fuerzas. El mundo produce para todos, eso está demostrado. Con lo que se ha gastado el mundo e guerras hay que mantenerlo sin dar golpe. Lo que pasa es que está mal administrado”. Relacionado con la mujer: “Libres compañero y compañera; dos compañeros que se unen libremente. Se pensaba que el aborto era necesario porque no se puede tener tantos hijos para ser esclavos, no vale la pena”. En relación a la iglesia: “Víctor Hugo, que era católico, dice: ‘No habrá paz en el mundo mientras no se tire la última piedra de la útima iglesia sobre la cabeza del último cura’. Y es así. Porque en todos los pueblos hay una luz encendida, el maestro de escuela; detrás una boca soplando, un cura. El mundo se tendrá que dar cuenta en su día que es un engaño eso de la otra vida. Sí nos meten en la tierra y hemos venido de la tierra. Como dijo Nietsche ‘La muerte es la única que nos devuelve la felicidad desde antes de nacer’. Eso es verídico todo”. En relación a la política: “Pestaña que fue al poder. -fue Ministro- a los seis meses de estar en el poder se marchó. Dice: ‘El Parlamento tiene dos leones muy grandes a la entrada; el hombre honrado que entre aquí se lo tragan los leones. ¡En política no se puede ser honrado!’. Se dio cuenta que en política no se podia hacer nada. Yo creo que el problema de los trabajadores hay que resolverlo desde abajom no desde arriba. La Repúblca se perdió porque tenía miedo al pueblo. Aquí, en Canarias traamos de hacer las comunas; se planteó pero no se llevó a cabo”.
Como apunte final, -muy personal- en relación con perdones y olvidos: “Yo, ¡qué coño voy a perdonarlos!. Yo no los perdono ni lo olvido; no los puedo perdonar”.
Epílogo.
Las páginas que anteceden son sólo una pequeña parte de la biografía de Antonio Tejera Afonso, ‘Antoñe’. Razones de edición hacen que aparezca su Testimonio de forma resumida. En su momento se hará una más detallada biografía de este personaje.
Sí queremos aprovechar para mostrar dos párrafos de una novela escrita en el Penal de Santa María, ‘Añoranzas Prisioneras’. La obra es la simbiosis perefecta de la oralidad de ‘Antoñe’ y la legible caligrafía del barbero de Santa Cruz de Tenerife, Antonio Rodriguez Bethencourt. Sobre este hombre nos dice: “Lo tenían donde los vijeos. Allí iba yo a contarle, y él escribía. Murió en el Penal de Santa María, de uremia, a los 53 años”.
El manuscrito de la novela consta de 391 carillas de libreta escolar. Y trata de la vida en el penal los recuerdos de sus años de polizonaje y las añoranzas de la tierra canara. Obra de carácter romántico, -aunque profundamente realista- un canto a las ideas libertarias.
“(…) Mi pensamiento, todo mi espíritu corría ya por encima de los mares y rápido como el rayo me abrazaba a las cumbres de nuestras montañas canarias olienda a selva con las trepadoras azules moviendo las orejas de sus flores de campana tan pegadas y tan encariñadas con la roca dura y sinuosa de sus venas de piedra que van a profundizar y a perderse en el mar. Se pegan a las entrañas las distintas sensaciones que se sienten al pisar tierra de las Cañadas, del viejo Teide al sacudir sus verdes melenas en sus amanecidas de oro, al salir el sol allá por Oriente, primero como la cabeza de un niño recién nacido surgiendo de entre las espumas de las aguas marinas, luego va creciendo . . . creciendo como un mundo rojo y encendido ganano el espacio entre los múltiples colores que sus rayos reflejan en el mar nuboso, semejante a cuchillos de cristales que se rompen, mientras lass brumas le cortejan como ninfas o esclavas de sus bellezas y de sus ingenios se van dorando y puliendo con el esmalte rosa, azul y violado de su luz para besar su corona de profeta errante, Divino . . . (. . .) “.
“(. . . )
-¿Has olvidado nuestras leñadoras . . .?
– ¡Hombre! ¿Quién es capaz de olvidar aquellas vírgenes que parecen torneadas por el sol entre carne y huesos de mármol?.
– ¡ Cuántas veces las ví bajar de la Cumbre nevaday descansar arriba, junto a la eremita del Carmen, arremangadas hasta los codos y con el traje recogido y amarrado sobre la cintura, mostrando sus torneadas y blancas piernas sosteniendo como símbolos los músculos marfileños donde descansar aquellos bustos ebúrneos que hacen más bellos los rostros del felpa semejante a los pétalos de las rosas. Escondidos tras la simpática envoltura de un pañuelo de color . . .! ‘Eche una mano cristiano, a ver si es ajeitado’, te dicen para que las ayudes a llevara la cabeza los enormes haces de leña o ciscos del monte que ellas acarrean coo mulastemblándoles las redondas y obesas caderas; y luego subiendo y bajando montes a su rápido y menudo paso se pierden los vericuetos del camino como estampas de Virgilio o baladas de Homero . . . (. . .)”.