
«que se dirigan á uno y a otro lado hábiles en huir y atacar.»
Iliada , 1,8, v. 107.
Este tema me lo sugirió una vez una persona (nada nuevo bajo el sol), intuía de alguna manera lo que quería señalarme al relacionar la vieja disputa entre marxistas y anarquistas con respecto al diálogo socrático-platónico “Laques”. Ha pasado el tiempo y después de varias lecturas creo que finalmente lo que fue un comentario me resulta posible expresarlo en pocas líneas y de tal manera que se entienda por un buen número de compañerxs.
El Laques, al igual que cualquier otro diálogo de estos autores se compone siempre un orador (generalmente el propio Socrates-Platón) y un interlocutor “sumiso” que responde a la manera de: “Sí” “Concuerdo” “No podría ser de otra manera” “Aquello no queda claro” etcétera. Esto es importante, la obra de Platón (y en los diálogos socráticos atribuidos también a este) es fundamentalmente una propedeútica de su filosofía. Esto significa que, es una enseñanza previa a la comprensión misma de sus ideas. Por tanto no se compone como un cuerpo “cerrado” o sistemático, al contrario, hasta nuestros días llegan precisamente las obras que presuntamente componen el aparato “divulgativo” de su pensar. Eso no significa su recepción sea siempre asequible, nuestra sociedad vive del impulso, del ritmo taquicárdico que demanda la constante renovación de experiencias, momentos, personas… Quizás exista una premiditación en esto, una latencia oculta en el mismo origen de la civilización occidental que hunde sus raíces en el mundo greco-romano. Posiblemente sí, somos el testimonio de las eras que nos antecedieron aún cuando nuestros antecesores nos sigan siendo tan desconocidos. Para el anarquismo no fueron extraños nunca los clásicos de la Filosofía, tampoco para el propio Marx que en general parecía disponer de un buen nivel de griego y era capaz de leer a Aristóteles mientras discurría entorno al trabajo de las hilanderas en la Inglaterra del s.XIX. Este texto en cuestión no creo que lo podamos encontrar como una nota al pié de página de las obras políticas, sino, como una reminiscencia extraña en las biografías de muchísimas militantes o revolucionarias que nos precedieron en la Historia.
A continuación y a modo de relato breve trataré de dar cuenta de lo que nos dice de manera mas “cercana”, espero con todo que ello ayude precisamente a entender las conclusiones en relación a ambas ideologías y sus posturas dicotómicas:
Un buen día dos compañeros (léase de género indefinido) caminaban al filo del camino rumbo a un bosque cercano. Eran compañeros por cuanto que, por un lado compartían la exigua hogaza de pan que les servía de vitualla. También, eran compañeros porque ambos habitaban el mismo pedrusco galáctico el cual era por todo lo demás el único capaz de albergar vida. Por tanto, su compañerismo deseado o no, resultaba a todas luces inevitable hasta el momento que llegaron a las lindes de un frondoso bosque. Al punto de que esto ocurre se inició un debate entre ambos:
Compañero 1- ¿Ves esos árboles? Sin duda por separado no supondrían un riesgo, pero al haber crecido todos juntos y de manera tan espesa nos impiden saber saber que hay mas allá de su horizonte. Solo al recorrer los caminos que separan esta arboleda llegaremos a entender donde empieza y donde concluye.
Compañero 2- ¿Ves el bosque? Sin lugar a dudas entraña diversos peligros. Bueno sería sortearlo o bien acampar hasta que alcancemos una comprensión exacta de sus dimensiones y las criaturas que puedan habitarlo.
Compañero 1- Puede albergar peligros. Pero el mismo riesgo comparta la inacción puesto que, tan solo nos queda una hogaza de pan y a todas luces no será suficiente para alimentarnos mucho mas tiempo. El mayor peligro sería precisamente no confrontar el miedo y morir finalmente de inanición.
Compañero 2- Aún cuando quede solamente una hogaza de pan y esta pueda agotarse, nada nos garantiza que esta sea suficiente para cruzar un bosque cuya profundidad no es desconocida. Ciertamente, no sabemos si racionando el pan mientras estudiamos el bosque alcanzará el alimento. Pero, si tratásemos de entrar y salir de manera regular llegaríamos a tener una idea muy aproximada de su forma.
Compañero 1- Una vez en el camino, desandar lo hecho sería infructuoso. Toda vez que volviéramos atrás las sendas recorridas habrían cambiado aún ligeramente. Al final nos agotaríamos al tratar de entender la particularidad de cada uno de los huecos y nuestro mismo carácter sería distinto pues se sabe que las personas van mudando su opinión y memoria.
Compañero 2- Lanzarse a la aventura sin prevenir los riesgos es asunto de inconscientes. Hay valentía en reconocer los propios límites.
Compañero 1- Pretender tener todas las explicaciones sin llegar a ponerlas nunca en práctica es un insulto a la propia inteligencia. Hay que desterrar el miedo y levantarse desde el primer momento contra lo que nos aflige.
Así, concluyo un debate en los lindes del bosque, que por otro lado no es mas que un puñado de árboles que han tenido el capricho de crecer muy pegaditos.
Bueno, después de este cuento que quizás resulte hasta “cursi” creo hay que pararse a destacar como las desavenencias entre ambas corrientes no es para nada un asunto “colegial” ni por supuesto una sencilla discusión. El propio Anselmo Lorenzo (por poner un ejemplo) cometió de alguna manera el error de pensar que la ruptura de la Internacional fue fruto de los personalismos de un lado y del otro y no consecuencia de dos formas opuestas de comprender la lucha. El excesivo teoricismo de un lado y la rabiosa tendencia a la acción del otro eran en cierto punto irreconciliables (y seguramente a día de hoy lo son) por cuanto que responden a concepciones de la realidad opuestas. El Laques de Sócrates no nos vendría a ofrecer una solución a este tema (que por razones obvias excede incluso también este texto) de lo que se ocupa es de la cuestión de la valentía. ¿Cómo se explica esto en el diálogo? Comencemos con una de las primeras definiciones que encontramos de la valentía en el texto:
“Digo, Laques, que es la ciencia de las cosas que son de temer y de las que no son de temer, sea en la guerra, sea en todas las demás ocasiones de la vida.”
El sentido que nos devuelve esto es aparentemente claro. La valentía pasa por discernir aquello que infunde miedo de lo que no. Sencillamente es aquello que se dice de: “si tiene solución ponerse a ello, y si no la tiene ¿a qué viene preocuparse?” Hay que aclarar que en este punto ya se habría dado un debate entre la cuestión de la teoría y la praxis. En general la cuestión se dirime en el texto de tal manera que, un acto cuyo acierto conocemos de antemano siendo por ejemplo profetas los mas valerosos. A este punto habría cierto “sentido común” que nos advierte de que ello no es cierto. Aquellas personas que “ven el futuro” no son necesariamente las mas audaces, tampoco lo serían quienes teniendo una parcela de conocimiento de concreta (agricultores, médicos, pescadores, espadachines, etcétera) conocen los entresijos de su materia. La valentía por tanto no es una cuestión de conocimientos particulares sino que, participa de la universalidad. Digamos que, si suponemos que el materialismo histórico (es decir, el marxismo) sería aquella doctrina política que trata de preveer el futuro y anticipar los pasos necesarios para la revolución no por ello es “valerosa” aún cuando diese ciertos resultados. No encontraríamos valor en la ciencia particular que trata de transformar la realidad,
Por contra, tampoco la acción impulsiva es muestra de valor sino quizas de desesperación. En ese sentido el acto insurreccional mas propio del anarquismo decimonómico aunque hoy quizás poríamos encontrar ejemplos, no entraña valor. Por lo general tampoco la “constancia” en el practicismo libertario (la llamada a la gimnasia revolucionaria) tampoco tendría porque ser mas valerosa que el pretender desentrañar un juicio previo a la acción en sí. De tal manera que ni constancia, ni teoria, ni acción implican la “valentía” por sí mismas. Desde luego que, aplicando una mirada mas cercana, mas particular podríamos encontrar estas diferencias no ya en las diferentes ideologías descritas sino dentro de ellas mismas. Es habitual que en cualquier colectivo o asamblea, organización etcétera (sea del tinte que sea) encontremos diversas personalidades cada una mas dispuesta a formar un juicio o actuar conforme a su carácter. La grandeza de los movimientos revolucionarios suele ser la capacidad de albergar en su seno ambas expresiones y darles salida atendiendo a una buena comprensión de la realidad que les rodea.
Con respecto a todo esto habría que hacer notar como en definitiva Sócrates no deja de ser un moralista. El tema de fondo no es exclusivamente la “valentía” sino también la educación en virtudes que remite al final su visión idealista del saber donde existe un bien radical y un mal que actua por desconocimiento del primero. Podemos “comprarle” o no esto al filósofo, en definitiva es un tema recurrente y Nietzsche (por citar solo a uno) se pelea bastante con esta cuestión y su influencia en el judeocristianismo. Para el tema que nos ocupa sencillamente lo suyo sería hacer notar que mas allá de las diferencias (incluso epistémicas y de carácter ontológico) presentes en el marxismo y en el anarquismo finalmente no se trata de una cuestión de “bondad” o “maldad” sino un aprendizaje colectivo, una sucesión de biografías, de textos, de acciones que de alguna manera pretenden conducir a la humanidad hacia un telos (finalidad) que siempre esta mas allá. Es posible que nunca puedan ponerse deacuerdo ambas corrientes, con esto simplemente trataba de expresar otra forma de entender las diferencias que las separan y como estas deben finalmente ser resueltas en la práctica, entendiendo que posiblemente nunca haya un decisión absolutamente acertada. Se nos impone y creo que esto es así, siempre una ceguera, el mal llamado “fin de la historia” que nunca fue nos arrogo precisamente a perder el báculo político al que estamos de alguna manera avocadas afín de conseguir un contexto de justicia e igualdad. En definitiva las manifestaciones políticas no han claudicado porque aún de manera negativa seguimos entiendo que este no es el mejor de los “mundos posibles” sino simplemente la consecuencia de poderes y acciones. En esa maraña de comprensión que el mundo que vivimos es donde toman sentido incluso a día de hoy textos como el Laques que he tratado de explicar.
Bueno pues en definitiva aquí quedan estas reflexiones. No se si quizás comparta esta perspectiva del Laques o si he alcanzado a intrigar a alguien que ya lo haya leído o este apunto de hacerlo. Se consigue con facilidad en la red. En cualquier caso en estos tiempos de fascismos y autoritarismos varios quizás vale la pena dedicarle un segundo a estos temas. Yo ahí lo dejo, con un poco de música eso sí dedicada a las valerosas y valerosos 😉